De cómo todo puede ser arte (pero no todo lo es)
Hace ya bastante tiempo, yo tendría unos 15 años, iba caminando con un amigo por el parque central cuando empezó a llover muy fuerte. Corrimos a buscar dónde resguardarnos del agua. Terminamos junto a varias personas debajo de una mesa. Una mesa gigante, claro. Era un mueble de pino, como los que venden en la zona 3, cerca del Cementerio General, sólo que tenía tres metros de altura. Todos volteábamos a ver hacia arriba, con la misma cara de asombro que yo, para estudiar la gran estructura. Reíamos, sorprendidos ante aquel objeto extraño en pleno parque, pero nadie supo explicar qué era.
No me enteré, sino hasta esta semana, de que esa mesa fue la obra de arte con la que Francisco Auyón, un gran artista guatemalteco que murió en 2007, ganó su tercer Glifo en la Bienal de Arte Paiz. Era el año 2000.
Pero ahora, ese festival artístico ya no entrega premios y ya no tiene participación abierta. En opinión de los artistas, se volvió más profesional para no quedarse rezagada con la evolución del arte mundial.
En este artículo exploraremos la Bienal para que si en una futura ocasión usted y yo nos encontramos debajo de una mesa gigante, no dejemos pasar 12 años para saber qué es. Muchas cosas pueden ser arte, aunque no lo sepamos.
Un reloj que marca una ansiedad desconocida
Vamos por partes. En la página web de la Bienal de Arte hay un reloj que va en cuenta regresiva desde hace varias semanas. Cuenta los días, horas, minutos y segundos que faltan para la inauguración de las exposiciones. Yo que siempre asocié un reloj así para esperar las olimpiadas o un mundial de futbol… estoy seguro de que muy pocas personas están pendientes de esa cuenta regresiva.
Bienal, para empezar, significa que sucede cada dos años. La que se inaugura esta semana es la edición número 18, pues en Guatemala se celebra desde 1978, año en el que uno de los ganadores fue el maestro Efraín Recinos.
La Bienal de Guatemala fue la primera de la región y dio pie para crear la Bienal Centroamericana. En sus primeras 15 ediciones tenían una sección abierta para recibir obras y otra de artistas invitados que podían ser premiadas. Sin embargo, desde la número 16 el formato cambió.
Los curadores, jueces implacables
Ahora bien, existe un grupo de expertos llamados curadores. Ellos fueron los encargados de seleccionar a los artistas y qué obras de estos artistas se presentarán en esta Bienal.
El curador general, es un español llamado Santiago Olmo, que ha estado involucrado en procesos de cambio en la selección de artistas en otros países.
Según él, este paso era necesario: “Este cambio es decisivo para que el desarrollo de la Bienal sea más eficaz y permita una lectura más atentamente curada de la situación de la escena artística. Creo que incluso, en próximas ediciones, habría que reducir el número de participantes y dedicar más esfuerzo a acompañar y sostener económicamente los proyectos elegidos”.
Y lo dicho fue cumplido a cabalidad. En esta edición habrá no más de 50 obras diferentes. (A mediados de los años 90 las exposiciones llegaron a contar con hasta 950 obras de arte.)
Los curadores son cuatro, tres guatemaltecos: Anabella Acevedo, Silvia Herrera y Javier Payeras, bajo la dirección de Olmo.
Fueron seleccionados, según el coordinador de la XVIII Bienal de Arte, Adrián Lorenzana, por su experiencia en el arte nacional y porque se acoplaban a las necesidades del momento histórico de la Bienal, es decir, el fortalecimiento de una nueva estructura que abandona categorías y premios.
Los artistas y sus obras (a veces extrañas)
Hace algunos años, una imagen dio mucho de que hablar en Guatemala. Parecía una señal de tránsito, pero al verla mejor, tenía cuatro flechas que decían en el centro “Zona de Asalto”. Se colocó en muchas esquinas de la ciudad, pero también en lugares como el Congreso, la Corte Suprema de Justicia y el Palacio Nacional.
Lo que pocos sabían, y que no saben aún, es que esas señales eran una obra de arte que se presentó en la XV Bienal y ganó el tercer lugar. Fue una creación del artista guatemalteco Abel López.
Es decir, los artistas están mucho más cerca de nosotros de lo que podemos creer. Conocí a varios esta semana, mientras intentaba entender un poco mejor el arte en Guatemala: Benvenuto Chavajay. Es un joven, originario de San Pedro La Laguna. Llegó puntual a la cita, cosa bastante extraña en la mayoría de entrevistados. Platicamos apenas media hora, pero me dejó varias ideas claras para entender mejor a los artistas nacionales.
“Empecé a hacer obras antes de saber qué era el arte. Mi papá me enseñó a buscar lo sagrado. De ahí siempre nace el arte. Por eso es que no es una competencia, porque, de todas maneras, todo puede ser arte”, me explicó.
Él presentará en esta Bienal una obra titulada Algo extraño en el cielo. Poco tengo permitido contar de las obras antes de la inauguración, pero según me dijo Chavajay su pieza habla de un momento histórico, de cuando en un pueblo del interior de la República pasó por primera vez un avión. Eso sí, no esperen para nada ver un avión en los alrededores.
Otra muestra de que las obras de las Bienales están más cerca de nosotros sucedió en la Plaza Barrios (en la 18 calle de la zona 1). Hace dos años, un artista internacional realizó una intervención al monumento a Justo Rufino Barrios. Construyó la sala de una casa, con sillones y televisión incluida alrededor de la estatua. Seguramente recuerda esa imagen del otrora libertador en su caballo, pero rodeado de muebles morados.
A veces, como en este caso, las obras parecen no ser entendibles. Sin embargo, para el coordinador de la XVII Bienal de Arte Paiz, Adrián Lorenzana, esto no tiene importancia: “Si usted tiene preguntas, si lo que ve lo hace pensar en algo, si hace que le interese, entonces, el arte cumplió su cometido. Este es un espacio para todos, no sólo para los que tengan conocimientos de arte. Es para tener un acercamiento con los artistas. Es un espacio para reflexionar, compartir y convivir”.
Insisto en que los artistas con los que platiqué esta semana me han pedido no revele detalles de las obras que vi o de las que me hablaron. Eso me hace sentir privilegiado. Les aseguro que se verán cosas impactantes y sorprendentes durante esta Bienal: jarrones con alas y mujeres enterradas, entre muchas otras cosas. Tan interesantes que ahora a cada momento, le doy un vistazo a ese reloj que en la página de Internet de la Bienal corre hacia cero, con la ansiedad de que ya llegue el momento, como si el mundial de futbol estuviera por empezar.
Fotos
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Foto Cortesía Fundación Paiz
En Cifras
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Recuadros
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VISITE, TODO ES GRATIS
La XVIII Bienal de Arte Paiz se inicia el próximo sábado 2 de junio. El tema de todas las obras de arte es Convivir/Compartir en el Centro Histórico. Finalizará el 1 de julio. Si bien, no es un concurso, las obras de arte seleccionadas como las mejores por los curadores ganarán el derecho de participar en la Bienal Centroamericana que se realizará en Panamá representando a Guatemala.
La mayoría de la presentación girará en torno al Paseo de la Sexta. Allí se hará una retrospectiva de obras presentadas en Bienales anteriores y habrá colectivos de arte, como Caja Lúdica, realizando presentaciones.
Las propuestas artísticas estarán en ArteCentro Graciela Andrade de Paiz (Antiguo Paiz 9a. calle), Casa Ibargüen, el Centro Municipal de Arte y Cultura (Edificio de Correos), la Escuela Nacional de Artes Plásticas, el Museo de Historia y el cine Lux, donde será la inauguración.
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El responsable de que las obras estén donde deben estar
José Roberto Vásquez es un hombre de baja estatura que ronda los 45 años. Aparece poco, o nada, en los medios de comunicación y muy pocas veces su nombre figura entre los responsables de la Bienal. Pero es, a mi parecer, el alma del evento.
Desde hace 18 años trabaja como montajista de la Bienal. Es decir, él es el encargado de montar todas las obras de arte que se mostrarán. En su primer año ayudó a preparar 940 obras de arte, este año serán sólo 37. Ha visto cosas increíbles, aunque para él cada vez parezcan más normales. Habla con una pasión intensa de las Bienales pasadas y con una ilusión transparente de la que viene. Conoce a todos los artistas, su evolución y su trabajo.
Una de sus obras favoritas, que es precisamente uno de los ejemplos de las cosas complicadas de entender para alguien como yo, se llama La Masividad y es de Déborah de Flón. Era un cuarto, de tres por tres metros hecho y decorado, por completo, con cosas recicladas, basura y plásticas sin usar. Hay una cama hecha de latas de cerveza, una cortina de condones y lo más sorprendente, una alfombra junto a la cama hecha de colillas de cigarros fumados. Es una locura y es, de las miles que ha visto, la obra de arte favorita de Don José.
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