El manual de la noche
Y las cantinas se quedaron más tristes
Sucede que el charro inmortal se retira. Vicente Fernández ha llegado al final de una larga carrera que incluye cine, música, composición, poesía y muchas mujeres derretidas por su voz universal. Él es por derecho propio el Pavarotti de la ranchera y hoy viene a despedirse de Guatemala.
Vicente Fernández no es un tipo guapo, pero hace suspirar a mujeres y pegar gritos de alegría o despecho, a los hombres. No empezó su carrera con la bendición del abolengo de la rancia sociedad de espectáculos de la farándula mexicana, si no todo lo contrario: es un hijo del pueblo, un luchador, un ranchero que encontró una voz privilegiada para abrirse camino entre los cerros, y los cerros se abrieron a su paso.
Nació en el pueblo mexicano de Huentitán El Alto, de Guadalajara, Jalisco, un 17 de febrero de 1940, en las áridas tierras de su padre, un ranchero dedicado a las férreas labores de campo y amante de la música vernácula. Desde niño tuvo que aportar al ingreso familiar con diferentes labores propias de los niños: lustrando zapatos, lavando patios y cantando los domingos.
Su gusto por la canción le hizo iniciar desde los 14 años una maratónica carrera artística cantando en bares, restaurantes y radios locales para dar a conocer su talento. Interpretaba en ese entonces temas populares de la época con una voz que cautivaba por su tersura y cierto dejo aniñado, que evidentemente fue perdiendo conforme las horas en el escenario fueron pasando.
Sus primeros trabajos se remontan a voz de apoyo en diferentes mariachis hasta que logró la principal en el Mariachi Amanecer, el más importante de ese entonces, colocándole así frente a las cámaras de televisión, proyectándolo con su talento nato para la canción popular.
Volver, volver…
(si nunca se fue)
Su primer éxito sería ese tema que le ha valido el parnaso del mariachi: Volver, volver. Ese tema compuesto por Fernando Maldonado (autor también de las célebres Por tu maldito amor, Amor de la calle, Voy gritando por la calle, Payaso, Hermoso cariño, todas cantadas por Chente) lo interpretó en la Plaza México frente a 50 mil personas, catapultándolo inmediatamente como el preferido de la afición.
Desde ese entonces los contratos de películas le llovieron y Chente se aprovechó del cine para llevar la interpretación a un nivel más intenso que el logrado por el hijo predilecto de todo México: Pedro Infante.
Chente ha filmado más de 30 títulos en los que no es necesario ser un adivino para saber que la trama casi siempre gira sobre lo mismo: la eterna lucha humana por el amor prohibido, por el crecimiento económico, por las traiciones y las tradiciones mexicanas. ¿Qué no habría hecho William Shakespeare con un actor tan presto a la tragedia y la sorna social?
Así lloran los machos
Es el intérprete de más de –lea bien– 85 discos que incluyen éxitos de tal popularidad que deberían ser considerados para ser incluidos en la siguiente misión Voyager. Es talvez, el mexicano más reconocido junto a Pedro Infante, Cantinflas y Chespirito.
Sus temas le han enseñado a los hombres a llorar. Vaya y mire adentro de las cantinas, de las ferias, de los corridos, en las serenatas, machos mexicanos (ahora latinos en general) no tienen miedo de soltar un par de lágrimas llorando un malogrado amor, una traición –propia o ajena– o por el sólo hecho de pensarlo.
En los karaokes del planeta suenan las notas de sus canciones y millones de hombres berrean intentando llegarle a las altísimas notas y sostenidos de este tipo que se instauró en el imaginario popular para siempre. Su talento para el canto es tal que se rumora que en la gira que hizo con su hijo Alejandro Fernández, el agente del junior le aconsejó nunca más ponerse codo a codo con su padre, ya que era muy notable que el heredero no podía llegar, técnicamente hablando, al nivel de interpretación del Rey.
Y en el escenario, pues también se lo devoró, ya que cuando aparecía Alejandro las mujeres gritaban y cuando don Vicente se dio cuenta, simplemente dijo: “no griten más, que aquí está quien hace de estos, dándole palmaditas a su nene”. Reventó el palenque, sin duda.
Fotos
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Foto Archivo/s21
Recuadros
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Un adiós prematuro
Luego de 40 años de carrera el Rey se retira; deja un trono vacío y su espíritu regado en las rockolas del mundo. Para muchos aún le falta, pero para él el tiempo de descansar ha llegado.
Hoy, desde las 6 p.m. estaremos en el estadio gritando una última vez, despidiendo a un ícono, un héroe, un personaje. El Rey no ha muerto, que viva el Rey. Ajúa.
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