Colaboración
El Zoológico no es discoteca
Es una noche entre semana y usted dispone irse a dormir. Justo cuando está por conciliar el sueño escucha un ruido estruendoso que pareciera que viene de al lado de su cama. Se levanta, se acerca a la ventana y se da cuenta que viene de un gran fiestón en la casa de su vecino. Ante esto usted se pone un par de tapones en los oídos, llama al vecino para que le baje a la música, llama a la Policía para que llegue a callar a su vecino o, como último recurso, se va a dormir a otro lado. Lo que quiero decir es que usted tiene opciones.
Ahora imagine que usted está encerrado en una jaula. Lo único que quiere es irse a dormir después de haber pasado un día entero oyendo chiflidos de los niños, sufriendo de un dolor de cabeza por el flash de los cientos de cámaras que han captado su foto y paseando por un diminuto espacio que en nada se parece al hábitat donde usted pertenece. Justo cuando está por conciliar el sueño escucha pruebas de sonido en bocinas gigantes, los pitos de los agentes de Emetra guiando cientos de carros hacia el garage de su casa y ve el cielo iluminado con molestas luces intermitentes y rayos de distintos colores. Es el inicio de otra de tantas fiestas que la administración del Zoológico La Aurora ha autorizado sin siquiera pensar en las daños físicos y emocionales que le marcarán de por vida. Así es la vida de los presos de distintas especies que habitan estas instalaciones.
Si piensa que esta es solo una historia, le recomiendo que se dé una vuelta por el zoológico alguna de estas noches y con mala suerte se topará con una fila de vehículos que llega hasta el aeropuerto. No se preocupe por pagar para entrar a oír la música; solo baje su ventana y podrá escucharla desde cientos de metros de distancia.
Hay tantos estudios de los efectos nocivos que la música de alto volumen tiene en los animales y a los administradores del parque les viene del norte. Hace un año en el Zoológico de Connyland en Suiza hubo una fiesta de dos días que dejó dos víctimas mortales. No se sabe si murieron a causa del ruido excesivo o porque pudieron haber consumido heroína que un fiestero botó en su tanque. Las víctimas fueron Shadow y Chelmers, un par de delfines.
Estos abusos se están haciendo públicos y hay gente que comienza a tomar acciones. Tommy Lee, integrante de la banda MotleyCrue, ha prohibido al acuario Sea World usar música de su banda en cualquier show que tenga animales. Explica en una carta, “A pesar de que nos gusta torturar a nuestros fanáticos humanos quienes voluntariamente vienen a nuestros conciertos, no queremos ser parte de hacerle las vidas un infierno a animales inocentes”.
Habiendo tantos lugares para hacer fiestas en Guatemala, no hay razón para torturar animales inocentes haciéndolas en el Zoológico La Aurora. Si los administradores del Zoológico no velan por el bienestar de los animales permitiendo que se les haga daño de esta forma, deben ser destituidos inmediatamente. Les deseo largos y ruidosos convivios a la par de sus casas como un trago de su propia medicina. Por mi parte, jamás iré a una fiesta en el zoológico y condenaré la falta de responsabilidad de las marcas patrocinadoras de estas. Para discutir conmigo por Twitter: @wjzepeda
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