Editorial
Transfuguismo, el gran reto para la clase política
Cuando las campañas políticas están en su punto de ebullición es común ver tarimas repletas de candidatos quienes, además de variados ofrecimientos, se distinguen por tomarse de la mano en señal de unión, cohesión, fuerza y fidelidad ideológica.
Pero una vez alcanzan su objetivo electoral, en especial si éste los pone en el Organismo Legislativo, adquieren una especie de amnesia y terminan por morder aquella mano que una vez entrelazaron, o bien optan por incumplir sus ofertas de unión y hermandad. Algunos ni siquiera reparan si estaban en la derecha y van a la izquierda, o al revés.
La legislatura que ahora está por llegar a su fin no es ajena a esa práctica. De acuerdo con el “recuento de los daños”, de los 158 diputados que arrancaron en 2008 esta aventura, 72 cambiaron de bancada. En otras palabras, el 45% de transfuguismo marcó el período de cuatro años.
Los números son elocuentes. La Unidad Nacional de la Esperanza (UNE), pese a ser la bancada oficial (lo cual hacía suponer una mayor cohesión), se quedó con 29 de los 51 diputados con que empezó la gestión. La Gran Alianza Nacional (Gana) perdió a 19 de sus miembros y el Frente Republicano Guatemalteco (FRG), a 10.
El Partido Patriota (PP), que a partir del 14 de enero se convertirá en el partido oficial, sumó 10 diputados en aquellos mismos cuatro años.
Además, si ya se marcaba un fraccionamiento con 11 agrupaciones políticas representadas en el pleno legislativo, la situación terminó con 12 de éstas y 3 bloques independientes.
Aunque bien podría alguien argumentar que los parlamentarios tienen derecho a redefinir el grupo con el cual trabajarán en ese organismo, aunque ya hayan sido electos, es un hecho que los casos de quienes se retiran de sus agrupaciones por motivos razonables son contados con los dedos de una mano.
En cambio, la mayoría de los saltos de bancada responden a intereses muy particulares, relacionados regularmente con lograr su reelección, o bien porque durante algún tiempo han caído en desgracia política y se ven forzados al retiro. Sin embargo, tarde o temprano terminan encontrando cobijo partidario, en especial cuando los votos escasean para aprobar decretos de mucho interés sectorial.
El reto de cambiar esa realidad pasa por conformar bancadas honestas, con integrantes entregados a procurar el bien común y no el propio, y con diputados interesados por crear leyes y fiscalizar, antes que por engordar sus empresas o sus ambiciones personales. El año 2012 marcará un nuevo desafío.
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