Editorial
Hay que apuntalar la lucha contra la trata de personas
No es la primera vez, así que no necesariamente debería sorprender que las autoridades logren operativos exitosos contra la trata de personas. Sin embargo, no deja de llamar la atención el operativo realizado el fin de semana pasado en un área de la zona 6 capitalina.
En ese sitio las fuerzas del orden encontraron a diecinueve mujeres, incluidas cuatro menores de edad, a quienes al menos cuatro hombres (capturados durante la diligencia) inducían a la prostitución. Más llamativo que la cantidad de personas encontradas, resultó ser la manera en que estaban.
Se trataba de una habitación, a la cual se llegaba sólo por medio de un túnel, el cual a su vez conectaba con otros negocios cercanos al bar allanado. Ello, a su vez, pone de manifiesto el nivel de organización de quienes se dedican a ese negocio.
Precisamente en esta edición, Siglo.21 da a conocer cómo las autoridades tienen identificadas tres redes que trafican con personas, las que se localizan en Quiché, y en la frontera de Tecún Umán, en San Marcos, ambas en la zona occidental del país, y una más en la ciudad capital.
Como ha ocurrido en otras ocasiones, muchas de estas mujeres, especialmente jóvenes menores de edad, son engañadas con supuestos ofrecimientos de empleos en oficios domésticos, pero terminan siendo forzadas a prostituirse. En todos los casos, finalizan completándose los dramas con historias de desintegración y violencia familiar, pobreza extrema y aspiraciones por mejorar pronto el estatus económico.
De ahí que el anuncio de la creación de una Fiscalía Contra la Trata de Personas con efectos a nivel nacional (antes sólo se tenía una unidad para ese fin), deba tomarse con beneplácito, y con la obvia demanda porque la instancia se fortalezca con recursos económicos y materiales.
Sólo de esta manera; es decir, con operativos exitosos, con inversión, con inteligencia (verdadera y no sólo producto de promesas electoreras) y con un decidido esfuerzo por llevar a la cárcel a los líderes de esas organizaciones criminales, se logrará cambiar la suerte de tantas víctimas.
Además, no se puede olvidar que quienes se dedican a la trata de personas también terminan ligando sus actividades con otras acciones igualmente criminales, como el tráfico de drogas, el robo de carros y las violaciones sexuales, entre otras, con lo cual la incidencia de las acciones positivas es mayor.
De paso, quizá se logre dar con el paradero de muchos menores de edad que desaparecen de la noche a la mañana, y que fácilmente pueden terminar como víctimas de la perversión y el crimen.
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