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Fábrica de sueños

Julio Zelaya

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Epifanías – El Elemento (II)

“El elemento”, como lo define Sir Ken Robinson, es la intersección de pasión y talento. Encontrarlo es crucial para la felicidad y la plenitud. Requiere de la correcta aptitud y pasión, pero también la correcta actitud y oportunidad. ¿Qué suele impedirlo?

Existen al menos tres obstáculos que inhiben encontrar el elemento: lo primero es el menosprecio al talento propio. Somos enseñados a demostrar “humildad” y no celebrar lo bueno que hacemos. Lo segundo es que separamos las habilidades mentales, corporales o espirituales y no las vemos como un todo. Desde la influencia filosófica griega que define la inteligencia como razonamiento y objetividad, y con el desarrollo del método científico, se catalogó la inteligencia como una característica “dada” y usualmente predictora del éxito. Tercero, las personas solemos ver el desarrollo y crecimiento como un proceso lineal, en donde “hay una edad correcta” para hacer ciertas cosas. Aunque la evidencia muestre lo contrario, es común escuchar que “el tiempo ya pasó” para caminar en pro de lo que realmente anhelamos hacer. 

Uno de los argumentos que hace Robinson del porqué sucede esto es la forma en que hemos sido educados. El sistema educativo alrededor del mundo enfatiza el pensamiento crítico  y razonamiento. Por otro lado, jerarquiza las materias. Matemáticas, lenguaje y las ciencias son consideradas superiores a las humanidades. Las artes, la música, el teatro o la danza reciben poco o ninguna atención. Adicionalmente, se ha aplicado un erróneo concepto de la creatividad, pensando que sólo los artistas de alguna disciplina “son” creativos, y no como una habilidad que se desarrolla. La creatividad como “imaginación aplicada” es algo con lo que todos contamos. Picasso decía que “todos nacemos siendo artistas, pero pocos crecemos aún siéndolo”. ¿Por qué no cuestionamos el modelo actual educativo? Si lo analizamos, la estandarización de un currículo, o de uniformes, o incluso de casilleros vienen de la Era Industrial. Los casilleros eran los mismos que se usaban en las fábricas. ¿Es acaso cierto que las personas aprendemos sólo con personas de la misma edad? ¿Es verdadero que todos debemos recibir las mismas materias? ¿Quién define que un currículo es la receta al éxito futuro? 

¿Qué lo detiene a usted de lograr su potencial? La explicación podría estar en tres alternativas. La primera es una que se fundamenta en miedo. La incertidumbre al fracaso, la duda interna o la búsqueda de la aprobación de terceros hacen que frenemos nuestro desarrollo. Usualmente dejamos que amigos o familia dicten nuestro futuro y aprueben nuestros sueños. Incontables personas están viviendo el sueño de sus papás, pero no el propio. La segunda alternativa es la cultura donde está habitando. Los códigos compartidos, lo que se premia y castiga, los héroes o villanos suelen en ocasiones estar en contra de los llamados individuales. Quizá su sueño encuentre más desarrollo en otra cultura. Hay veces que se deben tomar decisiones radicales de vida para caminar en pro de nuestro llamado. La última explicación también está en usted mismo, pero se alimenta de sus creencias básicas. ¿Cree que es demasiado tarde? Lo será. ¿Cree que está muy joven o muy anciano para lograrlo? Lo será. ¿Cree que hacer los más altos llamados es cosa de ilusos? Lo será. El violinista Horowitz llenó conciertos a los 84 años. Franklin inventó los bifocales a los 78 y Christie escibió su obra “The Mousetrap” a los 62. Si cree que se puede lograr algo, se podrá. 

Encontrar el elemento y su llamado son cruciales para su sentimiento de logro y plenitud. Miguel Ángel decía que el mayor de los peligros de una persona no es apuntar muy alto y fallar, sino apuntar muy bajo y acertar. La decisión es nuestra. ¿Qué está haciendo hoy por alcanzar sus sueños?

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