Feliz retiro, Discovery
La semana pasada no pude dejar de despegar mi atención de las noticias, siguiendo el desarrollo de la misión espacial del transbordador espacial Discovery, el más venerable de dicho programa espacial. Su nombre honra a cuatro navíos ingleses que transportaron a exploradores intrépidos: el Discovery de Herny Hudson, barco que usó para buscar el paso del Noroeste en América del Norte, entre 1610 y 1611; el Discovery del célebre explorador inglés James Cook, usado entre 1776 y 1779; el Discovery de George Nares, comandante de una expedición inglesa al Ártico y, finalmente, el barco de investigación Discovery utilizado por dos grandes exploradores antárticos: Robert Falcon Scott y Ernst Shackleton. El Discovery ha sido un transbordador que ha lanzado innumerables satélites al espacio y su mayor hazaña fue el lanzamiento del telescopio espacial Hubble llamado así en honor del astrónomo estadounidense Edwin Hubble. La misión de lanzamiento del telescopio es un gran hito en la historia de la astronomía, así como también los vuelos que siguieron para darle mantenimiento. Gracias a este instrumento, los astrónomos pudieron observar por primera vez sin tener que corregir los efectos generados por la atmósfera terrestre.
Estoy seguro que usted ha contemplado alguna vez un atardecer a la orilla del mar y quizás vio que el disco del Sol presentaba un ligero efecto de movimiento, como si estuviera desplazándose lenta y alocadamente sobre el horizonte. Este efecto y muchos otros se deben a la atmósfera terrestre y para mitigarlo los astrónomos han decidido emplazar los grandes telescopios en las montañas, encontrado dos posibles soluciones que dependen del tipo del proyecto y naturalmente del costo. En la actualidad todos los telescopios de gran envergadura utilizados para la adquisición de datos astronómicos utilizan espejos parabólicos para colectar la luz. El Hubble es uno de ellos. Pese a que la mayoría de telescopios grandes se localiza en lo alto de montañas desérticas ésta medida no atenúa completamente los efectos de la atmósfera, por lo que un método para minimizarlos y corregirlos por completo es la instalación de actuadores que modifican ligeramente la forma del espejo. Telescopios como los del observatorio de Páranla, en Chile, utilizan esta técnica, logrando imágenes muy nítidas de objetos distantes. La otra opción que permite mitigar completamente los efectos indeseados es la de ubicar un telescopio en órbita terrestre, por encima de la atmósfera. Este es el logro más grande conseguido con el lanzamiento del Telescopio Espacial Hubble, pero desafortunadamente a un costo bastante elevado, ya que un artefacto tan sofisticado requiere mantenimiento y servicio.
Varias de las misiones del Discovery fueron para realizar reparaciones y mantenimiento al Hubble. Una de las más audaces consistió en adaptar literalmente unos anteojos al telescopio, lo que permitió corregir el defecto de calibración ocurrido en el espejo primario. La idea de colocar un telescopio en órbita terrestre fue propuesta desde la década de 1920 por Hermann Oberth, Robert Goddard y Konstantin Tsiolkovsky. Esta idea fue revivida en los años 40, en un artículo seminal escrito por Lyman Spitzer, quien proponía las ventajas de observar desde el espacio. La idea se materializó durante los años 70 y, finalmente, luego de algunos años de retraso, el telescopio fue lanzado por el Discovery en 1990. Han sido necesarias 5 misiones para reparar y dar mantenimiento al telescopio y dos de ellas fueron realizadas por el Discovery.
El pasado 9 de marzo, el Discovery aterrizó en su última misión y en unos años será posible visitarlo en el museo Smithsoniano del Aire y del Espacio, en Estados Unidos. ¡Feliz retiro transbordador Discovery!
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