Noticias Sigloxxi Guatemala

Luis Méndez Salinas

catafixia.editorial@gmail.com

No es un mapa del tesoro

Luis Méndez Salinas escribe acerca del verdadero tesoro del Códice de Dresde.

 No es un mapa del tesoro
Foto: Cortesía de Editorial Amanuense

Hace algunos días circuló por medios escritos de todo el mundo una noticia sorprendente: el alemán Joachim Rittsteig, autoproclamado especialista de la cultura maya, aseguraba haber descifrado uno de los documentos angulares de nuestra época prehispánica: el Códice de Dresde. Su descubrimiento, en el que invirtió casi 40 años de su vida, prometía pagar buenos dividendos. En la página 52 de dicho códice, Rittsteig encuentra “indicaciones precisas” que lo conducirán a un enorme tesoro maya sumergido en las aguas del lago de Izabal. Unas 8 toneladas de oro puro (2,156 tablillas, en las cuales los mayas grabaron sus antiguas leyes) aguardan en las profundidades dentro de un sarcófago de piedra que se hundió con todo y una ciudad que Rittsteig ha ubicado con un margen de error de 10 centímetros. Sí, para este matemático todo tiene sentido: en el año 666 de nuestra era (ojo con el número) un terremoto devastó la capital maya de Atlán (ojo también con el nombre). Ésta se hundió, como por arte de magia, con todo y el oro. 

Con su ¿hipótesis? bajo el brazo, se lanzó a la caza de patrocinios para venir a Guatemala y continuar sus ¿investigaciones? El rotativo alemán Bild (bild.de), uno de los diarios de mayor tirada a nivel mundial –de corte sensacionalista, pero con gran aceptación principalmente entre los lectores europeos–  se emocionó con la idea y envió un equipo para estudiar el terreno. Durante unos cuatro o cinco días, Rittsteig y los reporteros que lo acompañaban sostuvieron reuniones con el cuerpo diplomático alemán y con autoridades guatemaltecas del Instituto de Antropología e Historia, se contactaron con pobladores cercanos al lago, y prometieron volver con un “cuidadoso programa de exploraciones” para demostrar la existencia del tesoro.

Una cartografía, sí, pero del cosmos

En esencia, los códices son manuscritos elaborados sobre un soporte de papel de amate (corteza de árbol), en los que se combinaban diversos pictogramas (dibujos que representan cosas), ideogramas (dibujos que representan ideas) y, en algunos casos, elementos de escritura fonética. De acuerdo con Miguel León Portilla, connotado estudioso de las literaturas precolombinas, este tipo de documentos era fundamental dentro de los procesos de enseñanza en la Mesoamérica antigua, ya que facilitaban la memorización sistemática de las historias, mitos y doctrinas que conformaban los conocimientos ancestrales. De ahí su cercanía con el ritual, con la ceremonia que mantiene al cosmos, y con esa misma concepción del cosmos que en ellos se manifiesta.  

Las interpretaciones de Rittsteig obligan a pensar en el Códice de Dresde como un milenario mapa. Y lo es, en cierto sentido, aunque es improbable que sus evidencias nos remitan a ese tesoro imaginado que espera bajo las aguas. Lo que este mapa prehispánico despliega (literalmente) ante nuestros ojos es un invaluable panorama de las ideas que sustentaron y todavía sustentan un mundo, a una civilización. 

Hay avances en su desciframiento, muchos, pero aún parece que la incomprensión y el misterio sigue siendo el destino de los pocos manuscritos que escaparon al voraz saqueo de los conquistadores y al fuego de los misioneros. En la complejidad de sus representaciones es donde radica su riqueza: arqueología y literatura se funden en ellos, fundiendo también la nostalgia por el pasado con el vértigo que nos conduce, irremediablemente, al futuro. 

¿Oro maya?

Como era de esperarse, la propuesta del matemático alemán fue descalificada de inmediato dentro de los círculos académicos europeos y americanos. Los especialistas se han manifestado escépticos ante la posibilidad de un hallazgo de la magnitud y características que establece Rittsteig, ya que sus incongruencias abundan y actúan en distintos órdenes. Nadie se traga la existencia de una ciudad maya clásica sumergida que se denomine con la voz náhuatl que significa Lugar rodeado de agua y que, además, se vincula con el mito de la Atlántida. Nadie que tenga un conocimiento mínimo del período Clásico (250-900 DC) creería que las leyes mayas fueron grabadas en tablillas de oro, ya que dicho material no fue muy común ni siquiera en fechas más tardías a las señaladas por Rittsteig, según declaraciones hechas por Mónica Urquizú a diversos medios escritos. Y ni qué hablar del origen de sus datos, puesto que la página del códice a que se refiere se relacionan a cómputos de tipo calendárico y astronómico, de acuerdo con la sinopsis realizada por Daniel Matul y Federico Fahsen en las palabras introductorias a una edición facsimilar de los códices mayas recientemente publicada (lea Cosmovisión prehispánica).

Quizá el aventurero alemán confundió los términos: no existe tal desciframiento. A lo más que podría aspirar es a la creación de una intensa (aunque poco creativa) historia de ficción, que toma como base las evidencias materiales de la cultura maya. Y el error (contrario a lo que podría suponerse) no radica en lo disparatado de sus conclusiones o en lo poco ortodoxo de sus métodos. Radica, eso sí, en su intención: hacer pasar como hipótesis científica una idea que a todas luces es ficticia y que puede propiciar (llevada al extremo) inconvenientes del todo innecesarios. El fraude, en este caso, está a la vuelta de la esquina.

Sin embargo, no hay que preocuparse tanto. Las investigaciones formales seguirán su curso; el desciframiento de este y otros textos prehispánicos seguirá sus propias rutas y de a poco se intensificará el hilo de luz que proyectamos sobre ese inmenso mar de misterio que aún envuelve gran parte de nuestra antigua cultura. A lo más, podrá sacarse alguno que otro chiste a partir del incidente, alguna que otra crítica contra el periodismo amarillista, y ya. Los estudiosos continuarán su trabajo y buscarán aquellas evidencias todavía ocultas, a las que se refería Agustín Estrada Monroy hace ya varios años. En las cofradías del altiplano o en la profundidad de las cuevas pueden estar las piezas faltantes de este rompecabezas. Quizá con el tiempo y el trabajo intelectual (no con la especulación) crezca esa pequeña isla que es nuestro conocimiento sobre la antigüedad de la cultura prehispánica.

Fotos

Noticias Sigloxxi Guatemala
  •  No es un mapa del tesoro

    Foto: Cortesía de Editorial Amanuense

Recuadros

Noticias Sigloxxi Guatemala
  • ACADEMIA ALEMANA SE PRONUNCIA

    Un nutrido grupo de académicos mesoamericanistas asociados a diversos centros alemanes de investigación dio a conocer el día 7 de marzo un comunicado oficial en el que condenaban los procedimientos pseudo-científicos de Joachim Rittsteig y el equipo patrocinado por el diario Bild. Aduciendo que el enorme impacto mediático producido por una expedición sin fundamentos podría perjudicar la cooperación entre instituciones científicas alemanas y guatemaltecas. Además, afirman que la hipótesis presentada por Rittsteig pone en peligro el legado material de la cultura maya, puesto que puede despertar la codicia de buscatesoros locales y saqueadores internacionales. El documento concluye de manera enérgica: “Enfatizamos que la búsqueda del “tesoro maya” patrocinada por Bild da un golpe certero, echa abajo y daña el trabajo y la reputación tanto del Estado alemán como de sus científicos en Guatemala y otros países. Por estas razones exigimos que el Sr. Rittsteig y el diario Bild terminen inmediatamente con su fraudulenta expedición, cuyas consecuencias son incalculables”. 

  • COSMOVISIÓN PREHISPÁNICA

    Hace casi 300 años llegó a la Biblioteca Real de Sajonia (ubicada en la ciudad de Dresde) un “curioso” manuscrito maya plegado a manera de biombo e integrado por 39 hojas que juntas miden alrededor de 3.5 metros. “Fue adquirido en Viena por Johann Christian Göetze, junto con otros documentos antiguos, y se cree que el mismo haya formado parte de los exóticos regalos que hizo Hernán Cortés al emperador Carlos V”, se detalla en  Los Códices de Dresde, París y Grolier, un libro publicado en edición bilingüe (español – k’iche’) en la colección Los Códices de Editorial Amanuense y que resalta la riqueza visual contenida en los manuscritos mayas. 

    El códice fue fabricado con la corteza de un tipo de árboles que abunda en la península de Yucatán y fue recubierto con una fina capa de estuco sobre la que se delinearon, con gran cuidado estético y notable maestría, una serie de figuras y textos jeroglíficos en idioma maya yucateco, que documentan parte de la enorme riqueza intelectual de los pueblos prehispánicos. Es probable que la fecha de elaboración del códice sea cercana al año 1200 DC, por lo que su contenido hace referencia a diversos aspectos de la cosmovisión prehispánica, desde su concepción mítica del tiempo, los dioses y el cosmos, hasta cuestiones cotidianas como el trabajo, el ritual, la siembra, la fecundación y el porvenir. A continuación, algunas de sus secciones.

    Deidades: varias de sus láminas muestran a varios dioses mayas realizando las más diversas tareas y rituales. Destaca la presencia de Itzamnah, uno de los creadores del cosmos; Hun Ajaw y Yax Balam, los héroes gemelos del Popol Vuh; Sak Ixik, la deidad lunar, y Chak, el dios de la lluvia.

    Augurios: mediante complejas tablas donde se combinan cómputos calendáricos y otros cálculos numéricos, los sacerdotes podían establecer con cierta precisión augurios para los más diversos acontecimientos rituales y cotidianos, por lo que el códice servía como material de consulta para las predicciones. 

    Ciclo de Venus: se incluyen cálculos relacionados con el planeta Venus, tablas sobre futuros eclipses, ciclos de lluvia y celebraciones propias de los finales de periodo. Destaca en estos cálculos el papel de la rueda calendárica y la fecha mítica de la creación de nuestra era.

    Rituales del “Año Nuevo”: las referencias a la destrucción y posterior renovación del cosmos vienen acompañadas por varias escenas que incluyen la actividad de los dioses ofrendando viandas dentro de los templos y frente a los árboles de los puntos cardinales.

    Sección de los “Números de la Serpiente”: muestra una serie de cifras que describen el ciclo de la Luna y el de los eclipses, haciendo referencia a acciones previas a la fecha en que se creó la era actual: 4 Ajaw 8 K’umk’u.

Noticias Relacionadas

Noticias Sigloxxi Guatemala

Comentarios

Noticias Sigloxxi Guatemala

La opción de comentar está abierta a todos los usuarios, aunque le pedimos por favor mantenerse dentro del tema del artículo y no publicar comentarios ofensivos o publicidad. Nos reservamos el derecho de eliminar cualquier comentario que no cumpla con estas reglas.

_______