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Wendy García Ortiz

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Lucía Moran, el privilegio del arte

Wendy García Ortiz se entrevista con una artista y arqueóloga guatemalteca que en Barcelona se forma en gestión cultural y para quien es importante la tríada espacio, creación y libertad.

Lucía Moran, el privilegio del arte
F: Edu Bayer

Pintora, gestora cultural, performancera, fotógrafa y arqueóloga. La vida de la guatemalteca Lucía Morán Giracca ha girado siempre alrededor del arte como herramienta comunicativa. Para ella el arte es el mundo mismo y todos formamos parte de él.

El trabajo de Morán se exhibe en el Salón del Coleccionista de la galería y centro de documentación El Áttico (lea Corazón sin coraza). Su obra se suma a la exposición Personajes, piezas talladas en madera por Diana Lucía Germania Gálvez Córdova de Martínez.  Con ambas exposiciones El Áttico celebra este mes 23 años de trayectoria.

La visión de Lucía le permitió utilizar diversas técnicas de la plástica para expresarse, pero no hubiera elegido la pintura si en su casa nunca hubieran alentado sus primeros rayones infantiles. “Mi familia tuvo mucho que ver porque siempre abordaban mis dibujos y pinturas con un interés y una seriedad especial”, cuenta.

Así crece Morán, no sólo potenciada dentro del hogar, sino rodeada de una generación de jóvenes inquietos por retomar el legado de los artistas de las décadas de los 60 y 70, con muchas ganas de irrumpir en espacios públicos y con ello ganar la atención del guatemalteco. Por eso, a finales de los 90 colabora con la artista guatemalteca Irene Torrebiarte en su estudio fotográfico. Gracias a esta etapa nunca dejará de interesarle la fotografía, especialmente la análoga y todo su proceso, pues Lucía se enamora de esa dimensión de materia que le agrega a la imagen. “La fotografía es la evidencia de lo que uno vio en un instante, la evidencia de las múltiples posibles visiones del mundo; es compartir la mirada propia, y esa posibilidad me parece maravillosa”, confiesa.

Y fue precisamente eso lo que se dio a conocer en el festival de arte urbano Octubre Azul, un proyecto del año 2000 en el cual participó Morán. Un año más tarde organizó exposiciones, talleres, recitales y conferencias en Colloquia, un espacio que duró poco, pero que dejó un gran legado en el reconocimiento del arte contemporáneo guatemalteco.

En ese marco, Morán se enfrenta con otra herramienta expresiva: la performance. Le atrae el toque de incertidumbre que genera en el espectador y que lo motiva a ser parte de una obra. Entonces, hace una propuesta –que gana el ya desaparecido certamen Jóvenes Creadores Bancafé– en la cual varias personas utilizaron sus cuerpos en sustitución del lienzo. “Hay ciertas cosas que sólo se pueden decir con ciertos lenguajes. Algunas escribiendo, otras danzando y otras solamente con la performance”, explica.

Es en este momento cuando se inicia la trayectoria de Lucía, una serie de múltiples exposiciones individuales y colectivas en Guatemala, Costa Rica y México, que continúan hasta hoy.

En paralelo al descubrimiento personal, Morán culminó su licenciatura en Arqueología, cautivada siempre por la parte creativa. “En la arqueología lo que más información proporciona de las culturas que ya no están en la tierra es su creación artística”, asegura quien, en 2003 hace una pausa a sus aportes en Guatemala, pues se traslada a Barcelona para estudiar pintura en la Escuela Massana de Arte y Diseño.

La gestión como posibilidad transformadora

En 2005 la artista regresa a Guatemala y explora su faceta como gestora en el Ministerio de Cultura y Deportes, desde la Unidad de Desarrollo Cultural. Durante su paso por este cargo, acompaña la creación de Agacine, Asociación Guatemalteca del Audiovisual y la Cinematografía.

También colaboró en la comisión de revisión y nueva edición del documento Cultura Motor del Desarrollo; Plan Nacional de Desarrollo Cultural a Largo Plazo, así como en un plan de desarrollo cultural para el reconocimiento y valoración del patrimonio en las aldeas de Antigua Guatemala.

Desde esta faceta, la artista ha impartido talleres de pintura, creatividad y patrimonio a miembros de comunidades indígenas en el área rural de Guatemala, y ha desarrollado actividades paralelas en el marco de sus exposiciones de arte a públicos diversos. 

“Me interesa trabajar con la cultura desde diferentes lugares, desde la creación y desde la gestión. Creo que hacen falta propuestas interesantes que transformen a través de las manifestaciones culturales, y la gestión cultural tiene esa posibilidad”.

Debido a ello, años más tarde organizaría en Barcelona la primera muestra de cine guatemalteco que generaría importantes vínculos entre centroamericanos y le mostraría a España y a personas de otros países la realidad social y cultural guatemalteca por medio de audiovisuales. Barcelona terminaría por convertirse en el segundo hogar de Morán, pues 2007 con una beca, vuelve para cursar una maestría en gestión cultural. Lucía continúa en España.

“Yo. Lucía. Pintora guatemalteca. Vinculo mi creación artística con un espacio de libertad a partir de la posibilidad de ejercer mi poder de la creación. Todo lo que me rodea es el resultado del uso del poder creativo del otro, que al pasar por mis sentidos se transforma y se convierte en alimento de mi propio poder creativo que se traduce en hacer cosas. En pintar, en parir imágenes, en dar vida a ideas abstractas, en plasmar, en hacer surgir, en cubrir superficies… en crear”, publicó la artista el año pasado en su blog, al recordar un texto que originalmente escribió en el año de su llegada a España. Son “algunas reflexiones sobre por qué pinto y el vínculo esencial entre espacio, creación y libertad. Lo escribí dos años atrás pero sigo coincidiendo con el contenido de esta nota”, justifica Lucía en su bitácora www.luciaenazul.blogspot.com.

Técnica y expresión

Entre la libertad de la acuarela, lo impredecible que es y el cuerpo que le aporta el acrílico o el óleo a una obra suya, Lucía encuentra en la creación una necesidad que nace desde muy profundo y que poco tiene que ver (conscientemente) con el espectador. “Pinto porque necesito decir cosas, sacarlas y dejarlas plasmadas en el mundo a través de la materia”, explica.

Sin embarg, cuando el espectador se enfrenta a sus cuadros, ella no puede dejar de maravillarse. Es un momento que siempre está lleno de sorpresas, de revelaciones muy personales en las que su obra funciona como estímulo. “A veces las interpretaciones de la gente tienen incluso más claridad que lo que yo pretendía comunicar. Eso es mágico y va más allá de mi intencionalidad, pero además contiene el milagro del arte”, asevera.

Experimentar ese milagro a cada poco es un privilegio, la artista lo califica como su mayor logro. “Trabajar en mi pasión y compartirla con el mundo, tener la capacidad de ser honesta con mi pintura sin depender de tendencias, de modas, de opiniones... ese es mi logro y mi reto a la vez: no perder esa verdad”, concluye.

La artista guatemalteca colabora activamente en  proyectos como el de la sección de cultura del programa de radio Comunitat de Fedelatina (Federación de entidades latinoamericanas de Cataluña) emitido semanalmente por la frecuencia modulada de Com Radio (88.7 FM). Además, es miembro de la junta directiva de la Asociación Cultural Crearte, en la cual colabora asiduamente  en el diseño y gestión de proyectos culturales.

“Espacio, creación y libertad”, plasma Lucía en su blog, “son palabras que entiendo mejor cuando van juntas, cuando se acompañan y se complementan una a la otra… Pero me pregunto ¿qué pasa cuando estas tres palabras están separadas por abismos gigantescos?, ¿qué pasa cuando no se tiene el espacio?, ¿qué pasa cuando la libertad es limitada o nula?, ¿qué pasa cuando han secado nuestra capacidad creativa, ese poder con el que nacemos y que necesita ser regado?, ¿qué pasa cuando tenemos que ocuparnos en otras cosas tan importantes como sobrevivir?, ¿qué pasa cuando las condiciones básicas no están resueltas? Pasa que el milagro de la creación a través del arte no se da. Pasa que el ejercicio de la libertad a través del arte nos queda lejos. Yo, Lucía pintora, soy infinitamente afortunada al poder hablar de espacio, libertad y creación sin abismos, y es por eso que pinto y seguiré pintando”.

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  • CORAZÓN SIN CORAZA

    Lucía Morán Giracca (Guatemala, 1978) exhibe desde ayer una colección de sus obras  que el público podrá visitar hasta el 14 de mayo en la galería El Áttico (4a. avenida 15-45, zona 14. 2368-0853). La entrada es gratuita y el horario de atención es de lunes a viernes, de 9 a.m. a 1 p.m. y de 3 p.m. a 7 p.m. Sábados de 9 a.m. a 1 p.m.

    La artista presenta una serie de acrílicos en pequeño formato que explora el universo íntimo del corazón (como símbolo del centro y de la esencia misma del ser humano) y la cama como espacio del descanso, como puerta al inconsciente y a la vulnerabilidad del abandono al dormir. La colección es una serie de metáforas de relaciones, de complejos, de aspiraciones. 

    En 2009 la muestra individual Corazón sin coraza se expuso en Taraxacon, Barcelona, en octubre y en La Caféothèque de París, Francia, en noviembre y diciembre.

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