Mercedes Fuentes: El teatro tras el escenario
Dirección, producción, gestión, actuación, como construcción de un espacio, son características que Oswaldo J. Hernández describe en la semblanza de una teatrista guatemalteca.
Sucede pocas veces en la vida, que una pequeña de 12 años escriba, corrija, seleccione un vestuario, dirija e interprete su propia obra y la coloque, aun por pequeño que todo parezca, en las tablas de un escenario. Mercedes Fuentes –hoy convertida en actriz, directora y dramaturga– fue quien, en 1985, transformó en un teatro espontáneo el aula de su escuela. “De aquel momento”, dice ella modificando su rictus de seriedad en risa, “no recuerdo realmente la motivación”. “La obra, eso sí, se llamaba La familia Pérez López, un sketch cómico acerca de los problemas típicos de una situación familiar. Lo que más me extraña todavía, pasados ya tantos años, es que todos, bajo mis órdenes, me hacían caso. Imagina, a la más chiquita de la clase”, agrega.
Con tan corta edad, Mercedes cuenta, como una confidencia, que para entonces ella tenía una breve experiencia en los escenarios. Una cuestión que desde su primera infancia le era algo muy familiar: su abuelo era el compositor Guillermo Fuentes, autor de Por qué será, pieza que se considera aún hoy el “himno” del departamento de Sololá.
“Siendo así, mi abuelo Meme se inventó un día que iba a hacer un coro con los nietos. Yo tenía como 7 años apenas y nos llamábamos Gente Nueva Sololá; cantábamos, hablábamos en público, aparecimos en 2 ocasiones en el programa Campiña del Canal 11... Mi abuelo era una especie de activista; le interesaba mucho hacer cosas junto a más personas. Supongo que heredé ese tipo de provocación que se traduce en el gusto de no hacer teatro sólo por hacerlo, sino que cada propuesta repercuta, que deje algo en el pensamiento y no sea un asunto que quede en la indiferencia”, dice.
Didáctica esencial
“Todos los que hacemos teatro, al principio, lo que queremos es actuar. Hay algo muy atractivo en el juego de poder ser otro sobre las tablas, una seducción”. A principios de los años 90 Mercedes se entendía así, como asistente regular a las salas de teatro en Guatemala. “Iba mucho a ver obras antes de decidirme por estudiar teatro”, dice.
Era una época en la que los costos para asistir a las obras devenían del trabajo que Mercedes tenía en la empresa de telefonía nacional, Guatel. En el sótano de ese edificio, “afortunadamente”, laboraba también el maestro, dramaturgo y actor Salomón Gómez. “Yo bajaba 5 niveles en el edificio para hablar con él. Era muy querido en la institución. Un día, recuerdo, le comenté que yo lo que quería era ser actriz, o hacer algo dentro del teatro, y fue él quien me orientó para inscribirme en la Escuela Nacional de Arte Dramático (ENAD), que en aquel momento era dirigida por Luis Tuchán”.
La ENAD, como cuenta, tenía una didáctica esencial para la formación. Cada maestro tenía un estilo diferente y una visión muy personal en la manera de educar con el teatro.
Mercedes, por ejemplo, estudió bajo la tutela de Alfredo Morán, Xavier Pacheco, Vinicio Morales y Luis Tuchán. “Era una educación de altos contrastes y una constante exposición a una gran diversidad de influencias, desde aspectos muy técnicos y automáticos, hasta análisis y críticas de mayor profundidad en torno a la manera de hacer teatro. También había un enfoque muy marcado por encontrar detalladamente la experiencia estética que se produce desde un escenario, pensar que el ejercicio del teatro consistía en encontrarle todos sus baches, cada uno de sus fallos”, recuerda.
“Hoy ya me he podido desligar un poco de esta condición de crítica, que de alguna manera nos hacía pedazos. Ahora me encamino desde la dirección en algo más constructivo, más en relación con las ideas de Edward de Bono y el pensamiento lateral y en soluciones alternativas e ingeniosas”, explica.
Una vez sobre las tablas, a Mercedes Fuentes le interesa indagar sobre las temáticas que puede representar el teatro, “sin casarme con un género en específico”, comenta, pero que, como tiene claro, también debe cuestionar algo con relación a la condición humana.
Un detalle fundamental en las propuestas de la actriz es que el telón de fondo de una trama afecte directamente de forma íntima al protagonista para espolear “personalmente” al actor. Con ello, Mercedes explica las relaciones de interacción entre director, personaje, escenario y actor como una “construcción en el espacio”. “Cuando todo va muy bien con todo el elenco, es porque algo anda mal. Sospechas que hay algo flojo, soso, desconfías de la escena. La tensión, por el contrario, erotiza, o como vino una vez a decirnos el director argentino Ricardo Baris, lo adverso es una sensación en la piel que ayuda en la interpretación”.
La forma del escenario
Unos cuantos años más tarde, Mercedes Fuentes formó parte fundamental –junto a Víctor Barillas– del grupo de teatro Picaporte, que hoy es el antecedente para la compañía de teatro contemporáneo Kaji’ Toj’. “Formar un grupo propio y no pasar a ser parte de una compañía era algo que nos planteaban como imprescindible al salir de la escuela. Pasa que uno puede encontrar su propia dinámica, un estilo y una forma más cómoda para hacer teatro cuando uno explora sobre las tablas al lado de gente de confianza”.
Casi por casualidad, Fuentes llegó a un ensayo de una obra de Gustavo Santos, en la cual actuaba Patricia Orantes. Mercedes asistió sin saber que luego se haría cargo de toda la parte administrativa de esa puesta en escena. “No fue muy planificado que nos convirtiéramos en el grupo de Teatro Independiente Rayuela. Yo acababa de leer a Julio Cortázar, justo cuando nos pedían un nombre como grupo para un financiamiento... quedó Rayuela, así, sin pensar de pronto en lo popular que terminaría siendo en el medio”, explica la teatrista y narra lo siguiente como una necesidad de“encontrar cohesión” para el grupo dentro de una continuidad. Tal necesidad llegó con puestas en escena como La redada, Mambrú se fue a la guerra o Con ganas de matar en la punta de la lengua... “De repente nos vimos interesados en crear experimentos sobre las tablas o sobre la calle, y eso creó algunas diferencias entre nosotros, pero también buenas obras”, indica.
Otro interés de activismo que se nota en el trabajo de Mercedes Fuentes es su capacidad de gestión. Está presente su participación en El Carromato, un proyecto que impulsa el teatro que se hace en Centroamérica desde hace 10 años, también su faceta institucional a cargo del Teatro de Bellas Artes donde uno de sus mayores aportes consiste en crear, desde 2009, un Centro Cultural que funcione alrededor del concepto de teatro.
Actuar, escribir, mantenerse en bajo perfil tras los telones, los guiones, proyectos y escenarios... Mercedes Fuentes resalta que, “sin duda”, lo que más le atrae es dirigir (lea La edad de la ciruela). “Yo no sé si sea cierto eso del teatro vivencial, eso de vivir y sentir lo que plantea un personaje. Soy muy fría en ese sentido”, indica.
Agrega también que aunque cuando escribe un guión se inclina por el tema de la disconformidad –en el contexto del cuestionamiento social, político y humano–, Mercedes, en lo personal, se siente más cómoda tras la gestión de la obra, “que es otra forma de estar en un escenario”, dice, incluso con ventajas, ya que, “cuando hace falta un actor yo puedo interpretarlo, y actuarlo como a mí realmente me gusta e imagino que debe quedar el personaje. Lo cierto es que al final me la paso bien, al lado, al frente o dentro del escenario. Lo importante es la conciencia de todo lo que está pasando”.
Fotos
-
F: Eny R. Hernández/S.21
Infografías
Recuadros
-
LA EDAD DE LA CIRUELA
Mercedes Fuentes dirige La edad de la ciruela, una obra en la cual el tiempo y la memoria no se resignan a dejar de existir para las hermanas Celina y Eleonora. Actúan en la obra, escrita por Arístides Vargas, Patricia Orantes y Mercedes Blanco. La escenografía fue encargada a la artista plástica Sandra Monterroso y a Gustavo Santos.
Las presentaciones son los miércoles (11, 18 y 25 de mayo), a partir de las 8 p.m. Admisión Q40. En Solo Teatro, Avenida de Las Américas 7-20 zona 13. El martes 12, a las 7 p.m., habrá una presentación especial en el Club Italiano (2a. avenida 9-95 zona 10) a beneficio de las obras sociales de la Asociación de Damas Italianas. La donación es de Q100 (incluye copa de vino y pizza).
Noticias Relacionadas
Comentarios
La opción de comentar está abierta a todos los usuarios, aunque le pedimos por favor mantenerse dentro del tema del artículo y no publicar comentarios ofensivos o publicidad. Nos reservamos el derecho de eliminar cualquier comentario que no cumpla con estas reglas.













