Richard Devaux: coreografía, disciplina y pasión.
Wendy García Ortiz se entrevista con un testigo de los albores del ballet guatemalteco.
El ambiente que por las tardes recibía a Richard cuando volvía a casa, luego de sus clases, estaba marcado por la música de Tchaikovsky, una madre bailarina entrenando en esa disciplina a un grupo de jovencitas y un padre afanado con el tema del vestuario de una próxima presentación de danza.
“En mi casa comíamos y dormíamos con la danza. Poco a poco se me fue impregnando”, me indica Richard Devaux, en la afueras del auditorio Juan Bautista Gutiérrez, probablemente tan dedicado en la producción de una danza de su autoría como su padre lo era con los detalles relacionados a la vestimenta. Por eso, no fue una sorpresa cuando a los 12 años de edad hizo oficial su inquietud por ser bailarín. Devaux presentó a principio de mes una de las varias obras que aguardan materializarse sobre el escenario: El cisne, el viento y el amor.
Al revisitar su pasado, el artista relata que sus padres fueron dos personas trascendentales para la historia del ballet en Guatemala: Marcelle Marie Bonge Bardo y Jean Gabriel Devaux Ladri, dos profesionales emigrantes de Bélgica que huyendo de la II Guerra Mundial se establecieron en el país entre 1944 y 1946. Ella era una bailarina y él, un escenógrafo que tocaba piano. Ambos ayudaron a integrar el grupo de danza con el cual se creó el Ballet Nacional de Guatemala, en 1947. “Los primeros bailarines de la compañía me conocían porque yo andaba jugando de arriba para abajo”, cuenta Richard entre risas.
Por eso su primera maestra fue su propia madre, de quien aprendió el método francés. Luego ingresó a la Escuela Nacional de Danza, en donde se entrenó con el método Cecchetti, de origen italiano. Las clases duraban cuatro horas diarias. Y su preparación fue muy parecida a la de un atleta: los hombres levantaban pesas y aprendían gimnasia olímpica. “Era un entrenamiento muy fuerte, además de las clases de ballet”, explica.
En paralelo, su progenitora daba clases particulares, así que dos años después de haber colaborado con la creación del primer ballet guatemalteco, decidió abrir su propia academia, la cual lleva su nombre y aún sigue vigente. Ella nunca dejó de apoyar el Ballet Nacional. “Desde su fundación, hasta la fecha, he vivido los altos y bajos de la compañía. Puedo decir que tengo una visión clara de lo que ha pasado”, revela Richard quien cuenta que tuvo la fortuna de disfrutar la famosa Época de Oro (1962-1977), de esta compañía de danza, cuando estuvo dirigida por el bailarín, coreógrafo y maestro Antonio Crespo. En esa época, un sinfín de personajes internacionales y talentosos visitaban Guatemala. Fueron años en los que la música que acompañaba al baile se tocaba en vivo, con más de 30 músicos en escena. Además, se promovía el intercambio y profesionalización de bailarines nacionales fuera del país. Así lo describe Lizette Mertins en su documento 30 años de historia de la danza teatral: Institucionalización cultural en Guatemala (1948-1978).
Por eso, cuando Richard llegó a ocupar el puesto de primer bailarín, solista y bailarín estrella en el Ballet Nacional, fue fácilmente contratado en el Gran Ballet Canadiense, en Quebec, gracias a las referencias que de él hiciera un bailarín extranjero. Durante su estancia en Norteamérica hizo los contactos necesarios para seguir aprendiendo y poder trabajar para una compañía internacional de Portugal y otra de Miami. Con ambas hizo giras por Europa, África y Sudamérica.
Pero las inquietudes por la danza en la familia Devaux no se limitaron a Richard. Todos los hermanos y hermanas también bailaron en el Ballet Guatemala. “Mi hermana mayor, la menor y mis dos hermanos que ya fallecieron”, cuenta. “El hijo de uno de ellos, también. Y la esposa de uno de mis hermanos. Ya tenemos varias generaciones en la danza”, dice orgulloso.
En medio de aquella agitación de jóvenes figuras, Richard se enamoró y se casó dos veces. Es padre de cinco hijos. Su actual esposa, Sonia Juárez, recuerda con mucho orgullo la Época de Oro, en la que pudo trabajar junto a Richard. De sus matrimonios (ambos con bailarinas), dos hijas se dedican al ballet: Anoushka (hija de Brenda Arévalo) y Karen (hija de Sonia Juárez).
Anoushka inició su formación en la academia de su abuela, Marcelle Bonge, pero a medida que iba creciendo, se pudo integrar al Ballet Guatemala. Sin embargo, el nuevo matrimonio de su madre la llevó a vivir en Holanda, de donde regresó a este país hasta hace tres años. A pesar del tiempo que estuvo fuera, pudo reintegrarse al Ballet Nacional.
Karen se ha formado en México, Alemania y Argentina. En estos viajes adquirió el conocimiento de la danza contemporánea, pero su base principal es la clásica. Está preparada para las dos tendencias, pero no ha podido desarrollarse en Guatemala, por la falta de oportunidades. Por ello, en días recientes emigró a México. “Cada quien individualmente se prepara para la danza, para su arte. Ellas escogieron la danza como forma de vida, como profesión y ellas solas tendrán que ir para adelante”, indica el padre de las bailarinas.
Para alguien de la trayectoria de Richard queda la opción de dedicarse a crear coreografías y esperar a que algún productor quiera invertir en ellas. Así como se exigía una rigurosa labor en el ballet, en su actual ocupación tiene la misma disciplina e igual búsqueda de la perfección, investigando exhaustivamente durante el proceso creativo. “Conoce de la A a la Z todo lo que conlleva una obra”, cuenta Sonia, en una conversación posterior a la temporada de El cisne, el viento y el amor, en la cual bailó Karen.
Otra época
Al observar a Richard en las fotografías de aquella época dorada, no se puede pasar por alto su energética y firme expresión mientras sostiene alguna postura de una coreografía. Pero tampoco se puede evitar preguntar si ese pasado, tan esplendoroso y digno, realmente sucedió en Guatemala o fue sólo un cuento de hadas.
“Los gobiernos fueron perdiendo el interés por apoyar a los bailarines”, explica el artista. “Además, se perdió el uso del método para entrenar nuevas generaciones. Eso hizo que esa época entrara en decadencia”, reconoce con tristeza.
Así, con mucho pesar cuenta que se fue disipando la espiritualidad que caracteriza a esta profesión, se hizo más comercial porque la vida fue encareciéndose y los salarios de los bailarines fueron subiendo lentamente, por lo que necesitaron buscar otras fuentes de ingresos. Todos esos factores los forzaron a disminuir entrega y el rendimiento.
Richard añora los tiempos en los que la disciplina y la pasión eran innatos en los balletistas clásicos, quienes invertían 7 horas, sino es que todo el día, a su entrenamiento. “Si usted abre una academia y está interesado sólo en lo comercial, puede tener 200 alumnas y no importarle si todas son constantes o tienen verdadero interés. Y ahora, como hay tantas tendencias, hasta en los gimnasios se ofrece danza. La han comercializado”, explica nostálgico.
Así fue como a su regreso a Guatemala, no pudo encontrar trabajo en ningún lugar, por lo que se vio obligado a viajar constantemente a Honduras, para dar clases en una academia privada, al mismo tiempo que se hacía cargo de la que fundó su mamá, la Academia Marcelle Bonge. “Lo difícil en este país es que la danza no es una profesión, y una bailarina está obligada a tener otro trabajo para sobrevivir. En otros países, las compañías pagan lo suficiente para dedicarse al cien por ciento a su arte. El Gobierno paga muy poco a sus artistas en Guatemala”, afirma.
Por lo menos en ese espacio privado, Richard junto a Sonia, intenta retomar los métodos serios que él conoció en la preparación de sus alumnas. Recibe a niñas que muestran interés desde los 8 años y las entrena diariamente para ser profesionales en el campo del ballet clásico, aunque no todas tengan la disciplina ni la vocación por la danza. Hay algunas que poco a poco dejan de llegar a las clases, según relata. De esa cuenta, únicamente hay una decena de muchachos y muchachas que actualmente combinan sus estudios con la danza y hacen dos presentaciones al año. Durante el ensayo de una de ellas, Richard concedió esta entrevista.
Al concluir nuestro encuentro y observarlo subir hacia el segundo nivel del auditorio, donde se ubican los controles de luces y sonido del escenario, es imposible no asociar su cabellera blanca y ondulada, con aquella negra y abundante de las fotos que rebotaba sobre las tablas guatemaltecas en los años 60 y que recibía con una delicada reverencia las ovaciones del público.
“Uno, como artista, da la vida por su arte. No lo ve como un negocio. Cuando se es un verdadero artista, se busca la propia superación. Yo espero ver el día en que el ballet tenga de nuevo aquella importancia”, me dijo antes de retirarse. Entonces, es comprensible por qué han sobrevivido él y el resto de descendientes de la dinastía Devaux–Bonge a los altibajos de la profesión: porque nunca han perdido la esperanza ni la pasión.
Fotos
-
F: Eny Roland Hernández
Infografías
Recuadros
-
FESTIVAL DE JUNIO
El miércoles 15, a las 10:30 a.m., se realizará un conversatorio y se proyectará, en el Teatro de Cámara Hugo Carrillo, el documental que la Procuraduría de los Derechos Humanos produjo con ocasión del 60 aniversario del Ballet Nacional. La entrada es gratuita, pero hay que presentar boleto, el cual se puede solicitar en la Dirección de Educación de la Procuraduría (12 avenida 12-72 zona 1), en horario de 8 a.m. a 4 p.m. Más información: 2424-1717.
Asimismo, la compañía presentará la obra Giselle el sábado 18 (7 p.m.) y domingo 19 (5 p.m.) en la Gran Sala Efraín Recinos (Platea Q100, Balcón I y II Q50), boletos a la venta en el Centro Cultural Miguel Ángel Asturias en horas hábiles y una hora antes del evento. Estas actividades son parte del programa del Festival de Junio. El próximo mes el Ballet arribará a su 63 aniversario.
Noticias Relacionadas
Comentarios
La opción de comentar está abierta a todos los usuarios, aunque le pedimos por favor mantenerse dentro del tema del artículo y no publicar comentarios ofensivos o publicidad. Nos reservamos el derecho de eliminar cualquier comentario que no cumpla con estas reglas.













