David Marín: La existencia de lo aleatorio
Abierta hasta el 30 de septimbre, en un horario de lunes a viernes de 10:00 a 12:00 y 16:00 a 19:30 horas. Galería de Arte, Edificio J, Salón J-310, Universidad Rafael Landívar. Entrada Libre. arteslandivar@url.edu.gt.
Un poco serio, otro tanto extraño... son algunas de las características que pueden esbozar la personalidad de David Marín. Tras su mirada analítica, desencantada, y ese semblante suyo que parece frágil, se oculta un doctor en biofísica por parte de la universidad de Rutgers (New Jersey), además de un pintor de patrones geométricos, un investigador de púlsares y radiaciones por parte de la universidad de Trieste (Italia) en paralelo a su faceta de músico experimental desde los años 90. También es un físico nuclear graduado con honores en la Universidad de San Carlos y un escultor que últimamente se ha interesado de lleno por encontrar, desde la cinética, un lenguaje estético capaz de producir sonidos.
Radicalmente activo en sus proyectos que condensa en cientos de hojas de cuaderno, Marín vive en un pequeño apartamento de ciudad San Cristóbal. Sus dibujos consisten en el trazo de estructuras con movimiento, bocetos, duendes, ecuaciones diferenciales, pentagramas musicales, figuras geométricas, planos trigonométricos, esculturas, números, texturas, medidas, perspectivas, guiones de cortometrajes, ideas... Tanto es así que apenas duerme, apenas come, y se nota que sobrevive exclusivamente del café que existe en cada resquicio de su cocina.
David dice que son casi 7 años desde que renunció a la ciencia pero, como tema, no deja de estar presente desde la manera en que piensa, escribe, produce música y dialoga, o hasta en los nuevos modelos aleatorios de diseño escullltórico que el próximo jueves expondrá en Cantón Exposición (lea Sonidos automáticos).
Teoría y desgaste
Con tono sereno, también característico, Marín puede hacer comentarios de tipo: “Tradicionalmente se tiene el concepto aquel de que, cuando encuentras algo exitoso para tu vida, tu deber es repetir ese algoritmo una y otra y otra vez. Esa es una cuestión que por lo general a mí me asfixia; me asfixió… es como quedar enterrado vivo en uno de los ataúdes bajo dos metros de tierra que se mencionan en algún cuento de Édgar Allan Poe”.
Esto último lo dice como pensando en sus años transcurridos en universidades extranjeras, al lado de mentes muy importantes en el aspecto teórico de la física universal, donde el paradigma, como explica, consiste “en ver este tipo de carreras científicas como un trabajo nada más, algo técnico, donde, además, cada vez éramos una minoría construida con relación a la competencia que perdía su propia individualidad frente a un solo tema –como la Teoría de Cuerdas–, y eso ya sin esa tonta ilusión romántica como la que se da desde el tercer mundo por la ciencia”.
David hace un símil de su desgaste y poco tiempo para dedicarse a otras cosas en el mundo (como la música o sólo leer) con una frase de Borges: “El mundo desgraciadamente es real. Yo desgraciadamente soy Borges”. A decir de Marín: “desgraciadamente yo era un teórico. Todo se me volvió semejante a una curva que traza una función logarítmica: casi una constante”.
Y ante ello hay que decir que un dato fundamental en la personalidad de David radica en que cuando ha iniciado un tópico, lo que sigue es una mezcla entre física, literatura, algo de arte, mucha mística y cantidad de música.
Su mente trabaja con datos como estos, los reconoce y pueden ser referenciales, aunque también entiende que las constantes del universo (Max Planck, la gravedad… los nombres de las personas) no son tanto de su agrado. “Si bien son fundamentales, me agrada más comprender nuestra realidad entorno a todo lo que sea contingente”.
Sonidos simulados
Una pregunta adecuada para Marín sería: ¿Por qué estudiar Física desde un principio? Y ubicado en un contexto posmoderno responde: “La Física es hoy análoga a lo que antiguamente los griegos buscaban en la filosofía. Una verdad. Sólo que hoy la buscamos a través de las partículas elementales. Y en principio para mí siempre ha significado algo premeditadamente místico y existencial”.
Esta misma motivación es la que Marín ha trasladado a otros lenguajes desde un marco más artístico. De su transición de la ciencia a la pintura, a la música y a las esculturas dice que “mi aporte a la Física era y seguiría siendo milimétrico. Y todo esfuerzo, en cualquier área, sería en vano. El mundo dejará de existir, este es un axioma en que lo único valioso que nos queda es dejar una especie de registro, una cápsula temporal que dé fe de cómo fue este universo”.
Marín, si recuerda, puede decir que era uno de aquellos niños procaces que critican directamente a los dogmas. “Cuestionar con filosofía, con aforismos de Nietzsche por ejemplo, a la autoridad de la escuela, a pesar de mi fragilidad, me hacía ganar cierto respeto”. Y al mismo tiempo, hace una analogía a la razón de regresar a Guatemala y no dedicarse a la academia o a la ciencia, sino a algo tan azaroso como el arte: “Siempre, desde muy pequeño, tuve una empatía extraña por pertenecer al bando de los que pierden. Es como existir de manera menos obvia. Algo que, lejos de un mainstream, podía hacer en un lugar tan difícil como Guatemala”.
Distinguido por la música que creó en los 90 en bandas como Vacas Sagradas y Cannabis Sativa, a su regresó, David Marín fue un poco más experimental al fundar el proyecto musical Pájaro Jaguar (www.pajarojaguar.org), conocido por musicalizar obras de escritores importantes de Guatemala. Entre ellos, Miguel Ángel Asturias e Isabel de los Ángeles Ruano y que en síntesis “se basaba en tratar de entender todo lo que representaba Guatemala”. “Toda su incongruencia a través de las obras de Asturias. Entender sobre todo la oscuridad, el sarcasmo y el asco que puede uno sentir en Asturias. Y con Isabel de los Ángeles Ruano, entender el aspecto de la poesía yuxtapuesta a las imágenes y la música pop”, dice Marín y agrega que a pesar de todo, de haber leído día y noche obsesivamente este tipo de obras literarias, “todavía sigue sin gustarme la poesía”.
Como músico reconoce que hasta en este proyecto había una intención un tanto científica. “La Física es una cuestión implícita en vastedad de situaciones”, como dice. Y es por ello que en retrospectiva, Marín haya coincidencias entre su doctorado de Biofísica de New Jersey y la música que todavía hoy produce. “En la naturaleza todo es aleatorio. Cabalmente, mientras yo intentaba crear modelos matemáticos en la computadora para estudiar el comportamiento de diversos sistemas biológicos para mi tesis, en paralelo empezaba a explorar sonidos con lenguajes de programación, con base en sistemas aleatorios y sonidos ambientales”.
Justamente, esta investigación por la estadística y la teoría de probabilidades del sonido lo llevó a tener un encuentro impredecible con el maestro Joaquín Orellana (joaquinorellana.org). David hoy se sabe sorprendido de buscar por todo el mundo a músicos aleatorios y que uno de ellos le fuese tan próximo a su cotidianidad. “Orellana tiene este rollo bien interesante desde hace 20 años que consiste en construir el salón de la multifonía en Guatemala. Con todo mi entrenamiento en la ciencia, aun si nadie le hace caso a Orellana, trato de que este propósito se lleve a cabo”, explica Marín, como un comentario ad hoc a sus más recientes experimentos de sonido con base en cuestiones del azar: las esculturas.
Se trata de un trabajo que parece englobar los más puntuales intereses de este artista, productor y biofísico, en un escenario donde ha logrado crear, a través de la cinética, un punto de convergencia entre la física, la música aleatoria y el arte. Aun si esto supone nada más un proceso en el algoritmo por alcanzar uno de los mayores y más extravagantes objetivos en la vida de David Marín: “Subvencionarme, vivir de este tipo de trabajo investigativo, y alejarme por fin de la ciudad, sabiéndome como uno de aquellos últimos humanos que podrá ver algo de naturaleza en este planeta, y perderme luego en lo más profundo de un bosque”.
Fotos
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F: Eny Roland Hernández
Recuadros
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SONIDOS AUTOMÁTICOS
David Marín ha utilizado gran parte de sus conocimientos científicos para crear una serie de esculturas semovientes que producen sonidos aleatorios. El nombre de la exposición es Kinética y se trata de un complejo entramado de estructuras y animaciones por computadora que recrean una textura musical basada en los útiles sonoros del maestro Joaquín Orellana. La exposición, acompañada de varios músicos importantes de Guatemala, se inaugurará el próximo jueves 7, a las 6:30 P.M, en la galería Cantón Exposición (Ruta 2, 2-63 Cuatro Grados Norte). Entrada libre.
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