Sergio Ramírez: El cine es una carrera de resistencia
David Lepe explica por qué hay pasiones que requieren de perseverancia más que de amor.
Sergio Ramírez es un cineasta guatemalteco que ha colaborado en decenas de producciones audiovisuales nacionales y este mes presenta en el país su primer largometraje Distancia, filme que lo ha llevado a conocer mejor el concepto de cine de autor, pues lo ha proyectado en festivales internacionales en los que ha participado como concursante de premios específicos o como película invitada.
No lo confundamos con el escritor y periodista nicaragüense de nombre homónimo. El Sergio Ramírez de quien hablo es guatemalteco, nacido en Xela, fanático del futbol y amante de las historias, por increíbles o absurdas que parezcan.
Vive en un apartamento ubicado en el último nivel de un edificio de cinco pisos en la zona 2 capitalina. Es como un penthouse pequeño e improvisado, con una vista envidiable del Centro Histórico. En una ocasión me comentó “Muchas personas, por alguna razón, cuando visitan por primera vez mi casa dicen los mismos tres comentarios: uno es que les preocupan las gradas en espiral, en caso de tener que subirlas borrachas. Otro es que la vista desde el balcón del apartamento es muy bonita. Y por último, a un costado se ve una casa con balcones en apariencia de madera, y todas dicen querer unos iguales para sus propias casas”. Le respondí que era una gran idea para usarla como inicio de una película. El cineasta se limitó a sonreír. Hasta la fecha no he descifrado si le gustó la idea, si no le importó o si ya la está procesando en su mente.
Sergio nació en Xela, pero vive desde los 2 años de edad en la capital. Si contáramos su historia de manera cronológica y como una película, la primera escena se desarrollaría en Quetzaltenango. La visitaba junto a su madre en casi todos los asuetos durante la niñez. Los domingos su tía lo llevaba a él y a su primo al Cine Cadore, donde se quedaban desde las 9 de la mañana hasta la 1 de la tarde viendo películas. “Ni sabíamos qué veríamos, hasta que comenzaban los créditos. Proyectaban desde caricaturas hasta cualquier cosa. Recuerdo a lo lejos una de Roberto Carlos. Era una buena decisión de mi tía para deshacerse de nosotros por unas horas”, recuerda.
Una escuela diferente
Sergio estudió Ciencias de la Comunicación en la Universidad Rafael Landívar, y se le escuchó en los pasillos del Campus decir más de una vez que le encantaría hacer cine, pero que en Guatemala era casi imposible. Esto sucedió a finales de los noventa, época en la cual el único referente era el largometraje El silencio de Neto.
Durante esa época universitaria trabajó en el videoclub Magic Maker, y aprovechó para devorar cuanta película pudo. Llenaba su bolsón de videocasetes antes del fin de semana o de su día de descanso, e intercalaba en su televisor películas con juegos de futbol de Europa y Argentina. Sólo una ida al cine o una chamusca con amigos lo alejaban de la pantalla del televisor.
Para su tesis de la universidad en 2002 y 2003, Sergio realizó un documental acerca del cine en Guatemala. En esos años no había mucha producción en el país, más que los estudios que algunos realizadores hicieron en el extranjero. Así conoció a Julio Hernández y Mario Rosales, quienes en esos años estudiaban cine en México y Nueva York, respectivamente. Meses después se involucró con otros cineastas nacionales como Rodolfo Espinosa, Eduardo Spiegeler, Domingo Lemus, Rafa Tres y Alejo Crisóstomo, con quienes formó un colectivo para realizar cortometrajes. Durante estos años Sergio aprendió a escribir guiones, editar y, lo más importante, asistir al director.
“Trabajar con ellos fue una especie de universidad para mí. Ser el asistente de director me ayudó a entender la responsabilidad de este cargo, ya que debe velar que el equipo humano se identifique con el proyecto, que se mantenga con energía y buen ánimo, y con esta presión dirigir la obra”, dice Sergio.
Su debut como director fue el cortometraje Hoy sí, que terminó en 2009. Cuenta la historia de un pueblo que se queda sin señal de televisión durante un partido de fu tbol de la Selección Nacional de Guatemala, por lo que sus habitantes creen que clasificaron a un mundial.
Siguió colaborando con sus compañeros y trabajando documentales institucionales. Y si yo continuara con mi concepto de contar esta historia como si fuera una película, entonces ahora nos encontraríamos en el capítulo cuando el protagonista ha conquistado su primera prueba y se prepara para la siguiente, que se convertirá en el gran final o su triste desenlace.
Empieza Distancia
Su amigo y cineasta Julio Hernández le recomendó participar en el Encuentro de Cine Latinoamericano de Toulouse, en Francia, para conocer la experiencia de los festivales y obtener fondos destinados a producción cinematográfica. Sergio recordó la grabación de un documental que trabajó acerca de las Comunidades de Población en Resistencia, en el cual ya cansado de todo un día de producción, escuchó el último testimonio de un hombre que perdió a su familia entera durante la guerra. Lo conmovió.
Comenzó a investigar más acerca del caso y a escribir el guión basado en la vida de aquella víctima del conflicto armado interno. Así nace su primer largometraje Distancia.
El protagonista de esta historia deberá viajar más de 150 kilómetros para ver a su hija, a quien le perdió el rastro 20 años atrás, cuando ella tenía 3 años de edad. Desde la separación, él lleva consigo un cuaderno en el que ha escrito y dibujado todo lo que le ha sucedido en su ausencia, como una especie de diario, con la esperanza de algún día entregárselo a su hija.
Tomás Choc es el nombre del protagonista y está interpretado por Carlos Escalante, gestor cultural y sacerdote maya de Xela. Contó con la producción de Joaquín Ruano y la colaboración de amigos y conocidos para el equipo técnico y reparto. Permanecieron 20 días en Nebaj, luego filmaron en Xela y Antigua Guatemala.
El largometraje está hablado en un 60 por ciento en k’iche’ y un 20 en q’eqchi’. Sergio no utilizó estos idiomas mayas solamente para darle credibilidad a la obra. “Es rico ver cine en otros idiomas y en Guatemala a veces se nos olvida que tenemos más de 20. Además, en vez de admirarlo o celebrarlo, muchos tratan de minimizarlo, sobre todo los medios masivos como la televisión y radio que constantemente se burlan de estos”, comenta el cineasta.
Ya con el proyecto filmado y editado en una primera versión, viajó a Toulouse y se abrió otro mundo para el cineasta guatemalteco. A partir de ahí, ha viajado sin parar de festival en festival, pero no a aquellos de alfombra roja donde la prioridad son estrellas como Sean Pean conquistando a Scarlett Johansson, o un concierto de U2. Sergio más bien entra por la puerta lateral, donde se presentan ciclos de cine independiente o los productores comparten los primeros cortes de sus obras en busca de fondos para filmarlas o terminarlas, según sea el caso.
Durante aquel primer festival conoció a productores, distribuidores y promotores de todo el mundo.
“Me sirvió conocer a esta gente y sus trabajos. Muchos países otorgan fondos a cineastas para producir, pero no a todos. Me ayudó a quitarme el pretexto de que no es fácil hacer cine en Guatemala, porque es igual de difícil en cualquier rincón del mundo”, admite Sergio.
Participó en Cine en Construcción, categoría en la que se proyectó Distancia a un grupo de empresarios de cine. No ganó, pero la película conmovió a varios interesados, quienes le dieron recomendaciones acerca de la posproducción. “Más que una carrera de velocidad u obstáculos, el cine es una carrera de resistencia, ya que uno como cineasta crea la historia, busca fondos para producirla, la filma, la presenta y nunca se despega de uno. Creo que ese es el concepto adecuado de cine de autor”, reflexiona Sergio.
En 2010 la película se presentó también en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián y en Centroamérica ganó el premio de Fondo de Fomento al Audiovisual de Centroamérica y el Caribe (Cinergia) para la posproducción del film.
En 2011 regresó a Toulouse, con una nueva versión de su película bajo el brazo, esta vez para su estreno mundial.
Y por si fuera poco, el viernes pasado se supo en la páina oficial del Festival Internacional de Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana (Cuba), que Distancia fue seleccionada para participar en este evento que reconoce y difunde obras cinematográficas que contribuyan al enriquecimiento y reafirmación de la identidad cultural latinoamericana y caribeña.
En las salas guatemaltecas
Este mes el film se presentará por primera vez en Guatemala. Distancia cerrará el Festival Cinespacio, en el Teatro Roma de Quetzaltenango, algo muy significativo para este creador, quien regresa a Xela con su primer largometraje. Parecido sucede en las películas de Hollywood, esas en que el protagonista regresa a su pueblo para ser el héroe de la historia. Pero si esto fuera una película, a Sergio lo sacarían cargado en brazos del Teatro Roma al terminar de proyectarse los créditos finales de Distancia. En la realidad no será así, ya que nuestro cineasta debe regresar a su casa, la del penthouse, a terminar de escribir otro guión para solicitar fondos porque la fecha para hacerlo caducará pronto y no puede darse el lujo de dejar pasar oportunidades. A lo mejor este guión se convierte en su segundo largometraje. Esperemos que sí.
Fotos
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Foto Andrés Vargas/s21
Así lo dijo
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“Me ayudó a quitarme el pretexto de que no es fácil hacer cine en Guatemala. Es igual de difícil que en cualquier rincón del mundo”. — Sergio Ramírez
Recuadros
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VÉALA EN GUATEMALA
Distancia se presentará dentro del Festival Cinespacio el sábado 12 de noviembre, a las 18:00 horas, en el Teatro Roma, Quetzaltenango. Y el 30 de noviembre se proyectará dentro de la Primera Muestra de Cine Guatemalteco del Festival Ícaro, en el cine Lux a las 20:00 horas.
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