Microbiólogos llaman a hospitales a revisar normas de higiene
El buen lavado de manos habría evitado muertes de bebés en Santa Rosa y la capital.
Revisar sus protocolos de bioseguridad, así como evaluar la forma de acondicionar las salas de neonatos, son las sugerencias que dan a los hospitales nacionales cuatro microbiólogos consultados por Siglo.21.
Al 30 de marzo de este año, un total de 18 bebés había fallecido en el Hospital de Cuilapa, Santa Rosa, mientras que 3 más murieron en el capitalino Hospital Roosevelt; todos los casos están vinculados con infecciones causadas por bacterias, principalmente la klebsiella y la acinetobacter (lea: Riesgos microscópicos).
De acuerdo con los expertos en microbiología, estos organismos pertenecen a la familia de las enterobacter, conformada por más de 100 bacterias. Una de sus características es que se alojan en los intestinos humanos y se propagan por la falta de higiene.
“La situación de las muertes de bebés es crítica, puesto que denota una falta de atención a las medidas de bioseguridad que se deben tomar en el área de recién nacidos. Lavándose bien las manos, estas bacterias no llegarían al recién nacido. En alguna parte del proceso se está fallando”, advierte Carmen Villagrán de Tercero, profesora de Inmunología y Microbiología de la Universidad de San Carlos de Guatemala.
Los profesionales coinciden en que el lavado de manos es indispensable para evitar este tipo de infecciones, y consideran que la falta de recursos no es excusa para no mantener las áreas hospitalarias totalmente desinfectadas. “El jabón es barato y también las toallas secadoras. Yo creo que, mínimo, eso sí deberíamos tener; y la esterilización de los biberones de los niños no es un proceso demasiado caro. Yo creo que falta de recursos no es lo que pasa aquí, sino mal uso de los recursos”, agrega De Tercero.
La microbióloga Karina Contreras afirma que el hacinamiento en los hospitales nacionales también facilita el contagio de enfermedades nosocomiales. “La gratuidad en los servicios de Salud no se ha manejado apropiadamente. Eso ha llevado a los hospitales al máximo de sus capacidades, y las salas diseñadas para 5 bebés tienen hasta 3 veces esa cifra. Si a ello sumamos el incumplimiento o cumplimiento parcial de procedimientos tan sencillos como el lavado de manos, tenemos resultados como los que vemos ahora en Cuilapa”, detalla la profesional.
En este punto coincide Jorge Pérez, supervisor de Microbiología del laboratorio clínico del Hospital Universitario Esperanza. Según cita, si al factor de riesgo de la falta de higiene se suma el hacinamiento, la transmisión de bacterias se facilita. “Estos centros están sobresaturados y no tienen capacidad para dar atención de calidad. Ya deberíamos tener dos hospitales más de la categoría del Roosevelt y San Juan de Dios”, expresa Pérez. A esto, otra experta en el tema en dicho nosocomio privado, pero que pidió el anonimato, indica que la vía aérea es también un espacio de peligro. “Puede ser que a los hospitales nacionales en algún momento se les salga de las manos la vía aérea, la parte respiratoria. Es muy difícil de controlarla y se requiere de cuidar protocolos específicos que, por ejemplo, eviten el hacinamiento”, advierte la profesional.
El protocolo de bioseguridad al que se refieren los microbiólogos incluye el lavado de manos, el uso de guantes estériles, batas de manga larga y mascarillas, así como supervisión constante.
Enfermedad y tratamiento
En el Hospital Roosevelt se registraron, hasta el 10 de marzo, 23 casos infecciosos, de los cuales 17 fueron en recién nacidos y 6 más en niños de hasta 2 años; 3 fallecieron.
Según Héctor Barrios, director ejecutivo de dicho centro asistencial, el avance del contagio se logró detener reforzando el lavado de manos, uso de ropa especial para las visitas, aislamiento de los niños enfermos y tratamiento con antibiótico.
De hecho, indica que sí cumplen con los protocolos de bioseguridad, pues, de lo contrario, “habría infecciones a cada rato”. “No podemos especificar el origen, porque si fuera que no se manejan adecuadamente los protocolos, hubiera brotes varias veces”, asegura el galeno, al negar que el problema se haya desencadenado por la inobservancia de normas de higiene por parte del personal del nosocomio.
“Las causas pueden ser muchas; puede venir desde la referencia, pues puede ser que ya vengan contaminados”, justifica. Asimismo, reconoce el punto destacado por Contreras y Pérez: “La superpoblación también incide. La Pediatría del hospital tiene capacidad para atender a 65 niños, pero se ha llegado a tener más de 93”.
El médico advierte que incluso los padres pueden ser un factor de riesgo: “Hasta los papás pueden iniciar el contagio, o la familia que viene a verlos sin implementar medidas de limpieza”.
Las acciones
Barrios indica que el hospital a su cargo se encuentra en la promoción de una campaña de lavado de manos, en la cual se muestran los diferentes organismos que pueden causar enfermedades.
En ese marco, Silvia Palma, viceministra hospitalaria del Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social (MSPAS), asegura que el brote que ha afectado a los hospitales Roosevelt y de Cuilapa, principalmente, ya se encuentra en la etapa de finalización.
“El último caso que detectamos fue hace más de una semana. Si esperamos una semana más y ya no nos aparecen niños con el brote, podemos decir que ya terminó”, indica la funcionaria.
De hecho, coincide con Barrios en que están reforzando el tema de lavado de manos. Según dice, desde el año pasado realizan talleres a nivel nacional para mostrar la técnica correcta, así como el tratamiento de los desechos hospitalarios.
De Tercero, sin embargo, advierte que las medidas deben ser permanentes, pues no es la primera vez que aparece este tipo de brotes. “Surge un problema y entonces se trata de afrontar la crisis. Cuando pasa la emergencia se vuelven a descuidar los protocolos, por eso es importante insistir siempre, aunque sea una medida repetitiva”, detalla la profesional. Pérez agrega: “Lo básico es fomentar en todo momento el lavado de manos; es una clave necesaria”.
En este sentido, Palma señala que empezarán a hacer cultivos para buscar las bacterias hasta en la ropa de los médicos. “En Cuilapa empezamos a proponer que las personas se bañen antes de irse del hospital y, de ser posible, que se bañen al ingresar en una sala de neonatos”, comenta la Viceministra.
Las acciones también incluyen una revisión del uso de los antibióticos, a fin de que éstos no se utilicen de forma “indiscriminada”.
Para atender el tema de hacinamiento que señalan los microbiólogos citados, Palma cuenta que están ampliando su área de intensivo en Cuilapa (lea: Preocupan condiciones en Santa Rosa).
Fotos
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Las muertes de los bebés serían causa de hacinamiento y falta de limpieza. F: Archivo/S.21
Así lo dijo
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“Estos centros están sobresaturados (...) ya deberíamos tener dos hospitales más de la categoría del Roosevelt y San Juan de Dios”. — Jorge Pérez, supervisor microbiología
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“Parte de esto también es cuestión de educación, ya que las personas no saben usar las instalaciones”. — Margarita Cortez, directora hospital de Cuilapa
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“La situación (...) es crítica (...) Lavándose bien las manos estas bacterias no llegarían a los recién nacidos”. — Carmen de Tercero, microbióloga
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“La superpoblación también incide. La Pediatría del hospital tiene capacidad para 65 niños, pero se ha llegado a tener más de 93”. — Héctor Barrios, director Hospital Roosevelt
En Cifras
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18
Las víctimas
bebés fallecieron en Cuilapa, Santa Rosa.
Recuadros
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Riesgos microscópicos
La klebsiella y la acinetobacter son parte de la familia de las enterobacterias. “Son propias del intestino y no deberían salir de allí. El problema es que cuando se va al baño y esas manos no son lavadas, hay un factor de contagio”, detalla la profesora de Inmunología y Microbiología de la Universidad de San Carlos, Carmen de Tercero.
Ella explica que se trata de bacilos gramnegativos que podrían estar presentes en la suciedad o, incluso, en contaminación de biberones.
Asimismo, indica que existen otras bacterias que en años anteriores han ocasionado decesos o infecciones en los hospitales públicos del país, y han sido la e colli y la salmonella.
De acuerdo con De Tercero, la e colli k1 también habita en el intestino. Habla, además, del estreptococo B, el cual se puede transmitir al recién nacido cuando pasa por el canal del parto.
“La madre lo puede tener en la vagina, o incluso la mamá puede tener enterobacterias en la vagina; el niño puede tener una infección por este estreptococo, pero los casos que esta vez se están viendo tienen que ver con enterobacterias y no con estreptococos”.
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Preocupan condiciones en Santa Rosa
La directora del Hospital de Cuilapa, Santa Rosa, Margarita Cortez, reconoce que es necesario reforzar el tema de la higiene. “Yo estoy consciente de la problemática; yo no puedo hacerlo todo, pues parte de esto también es cuestión de educación, ya que las personas no saben utilizar las instalaciones. Se quiebran los lavamanos, se pierde el papel higiénico… cuando un hospital crece, también crecen las carencias”, señala Cortez.
Sin embargo, la médica también indica que se han hecho esfuerzos por mejorar. Según explica, se hicieron tres ampliaciones en intensivos, se contrató a 86 enfermeras y también se habilitó más espacio en el quirófano de maternidad.
El vicepresidente Rafael Espada, en visita sorpresiva a dicho centro asistencial el 28 de marzo pasado, advirtió las carencias que afronta, tales como los problemas en el lavado de ropa y el hacinamiento.
Asimismo, advirtió que otro foco infeccioso para la población del hospital es un río de aguas negras que sirve de basurero. Rudy Castillo, alcalde de la localidad, señala que existe una crisis de infraestructura, equipo, medicamentos y personal en dicho nosocomio. “Hasta los ventiladores que usan los niños son rentados. Los niños están amontonados (sic), por lo que nos comprometemos a realizar una ampliación en el área de Cuidados Intensivos. Tenemos previsto invertir en esto unos Q50 mil”, cita el jefe municipal.
Los alrededores del hospital tampoco muestran cuadros alentadores. El polvo se levanta de las calles y envuelve en nubarrones las diversas casetas de venta de comida; aunque las autoridades del nosocomio prohíben la entrada de alimentos, reporteros de Siglo.21 fueron testigos de cómo las mujeres los ocultan bajo su ropa e ingresan con tranquilidad en el establecimiento. Una vez adentro, las visitas se sientan en las camas de los pacientes.
Afuera, empleados de las funerarias usan como sanitario las paredes exteriores y alrededores del hospital. Muy cerca de este punto está el espacio para secado artesanal de las prendas de vestir y sábanas.
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