Lo que les costó años, lo perdieron en unos días
El Gobierno declaró de alto riesgo seis colonias de la zona 1 de Mixco
El pasado martes, cinco colonias de la zona 1 de Mixco fueron declaradas inhabitables. La noticia ya fue asimilada por la ciudadanía, pero no por los integrantes de las 400 familias afectadas, que deben abandonar las viviendas que les costaron años de trabajo y de sacrificio.
La mayoría de ellos aún están aferrados a las casas en las que vivieron durante muchos años, donde vieron nacer y crecer a sus hijos, y que casi son obligados a abandonar también sus mascotas y animales de corral.
Por la mañana, los vecinos salen temprano a trabajar y estudiar, como lo han hecho durante años. Caminan entre las grietas y dicen estar acostumbrados a los constantes temblores y los retumbos que se escuchan por las noches.
Las cintas amarillas que dicen “peligro” ya forman parte del paisaje de la zona, ubicada a sólo 10 minutos del casco urbano de Mixco.
Análisis científico
El pasado miércoles, el Consejo Técnico Científico de la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres declaró el área de alto riesgo, y el Gobierno decidió el desalojo de unas 400 familias de las colonias La Asunción, Los Magueyes, Anexo de San José Buena Vista, Los Olivos y Finca San Jerónimo en un plazo de dos meses.
También se anunció el arribo al país de una misión de geólogos japoneses, quienes evaluarán el área aledaña a la zona de riesgo, en un radio de 70 metros, debido a que también se ha reportado la aparición de grietas, que según Alejandro Maldonado, director ejecutivo de Conred, son causadas por un deslizamiento activo del terreno ubicado en un área de montaña y se descarta una falla geológica.
Fotos
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Foto Wilder López/s21
Recuadros
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Laura de García: lleva 18 años de vivir en la colonia La Asunción
Con los ojos irritados de tanto llorar y la mirada perdida, Laura de García, vecina de la colonia La Asunción, zona 1 de Mixco, todavía no termina de creer que en menos de dos meses deberá abandonar la casa que con mucho esfuerzo compró junto con su esposo hace 18 años y en la que vio crecer a sus tres hijos.
“No es fácil dejar lo que tanto ha costado”, dice Laura, una mujer de 35 años que se dedica a las tareas del hogar y a cuidar a sus hijos de 16, 12 y 7 años. También tiene en su casa cinco perros.
Tras secarse las lágrimas con las mangas de su humilde suéter, se consuela diciendo que “esta es la voluntad de Dios, y mi esposo dice que tenemos la vida, que mejor empecemos a empacar nuestras cosas aunque sea duro”.
“No queremos ir al albergue porque no podemos llevar a nuestros hijos a un lugar donde solo nos van a dar una colchoneta, tampoco podemos llevar nuestras cosas, nuestra cocina y nuestros perros”, aclara Laura, quien dice que esperarán hasta el último día para irse y que buscarán una casa para poder alquilarla.
Añade que han ido con su esposo a ver varias viviendas en alquiler, pero en muchas no aceptan niños y en otras tampoco quieren mascotas. Reconoce que tampoco cuentan con recursos para comprar otra vivienda. “Somos pobres y no tenemos dinero para comprar otra casa, pero pedimos que el Gobierno nos dé terrenos, aunque tengamos que pagar una mensualidad”.
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Valentina Guadalupe Barrios: está enferma de diabetes y no quiere ir a un albergue
Mientras cocina el almuerzo para cuatro de sus nueras y nueve nietos que viven en su casa, en la colonia Los Magueyes, en su humilde poyo, el cual alimenta con fuego de leña, Valentina Guadalupe Barrios, de 58 años, dice que la noticia de que debía abandonar su casa ha sido una de las peores que ha recibido en su vida.
“Enterarme de que la señora Baldetti ordenó que nos vayamos casi me mata. Estoy enferma de diabetes, presión alta y del corazón, De milagro no me morí”, dice.
Doña Valentina relata que ella misma ayudó a su esposo a construir la humilde vivienda. Cuenta que su esposo, quien tiene la misma edad, trabaja en la construcción de casas y que esperan irse a finales de febrero.“Tengo 9 hijos y 18 nietos; no todos vivimos juntos, pero para poder pagar vamos a tener que reunir a toda la familia. Tengo mis animalitos, mis pollos, mis gatos y perros, y no quiero dejarlos para ir al albergue”, expresa mientras las lagrimas corren por sus mejillas.
Antes de seguir conversando, se sienta en su cama porque sus pies están hinchados debido a su enfermedad. Con una mirada cansada y , dice: “Estoy consciente de que tenemos que irnos, pero yo con mi enfermedad necesito un lugar propio, aunque sea humilde como este”.
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Irma Molina viuda de Cabrera: lleva 55 años de vivir en el sector afectado
“Estoy destrozada y siento que me voy a morir. Toda mi vida he sido vecina de La Asunción y no me imagino en otra parte. Mi difunto esposo trabajó duro para que mis hijos tuvieran un techo y ahora no tengo nada”, se lamenta Irma Molina viuda de Cabrera, una mujer que nació en Mixco y lleva 55 años de vivir en ese sector.
A sus 77 años, su cabello blanco y arrugas que surcan su rostro dan fe de las historias de vida que cuenta con nostalgia. “He dejado aquí mi vida, en este pedazo de tierra, donde nacieron mis 8 hijos y donde cada Navidad la pasamos junto con mis 14 nietos que vienen todos los años para visitarme.
Irma de Molina recuerda que tenía que lavar ropa ajena para poder contribuir con su esposo a pagar el terrenito, como ella lo llama, mientras se seca las lágrimas con sus manos resecas por los años que dedicó a dicho trabajo.
Doña Ima, como la conocen sus vecinos, recuerda que todos los años organiza las posadas para Navidad y las procesiones de Semana Santa, y dice que eso será lo que más extrañará cuando se vaya.
“Aunque ya tal vez me voy a morir, quiero dejar algo a mis hijos, a mis nietos, y pido al Gobierno que se comprometa a darnos un terreno. Somos propietarios y tenemos derecho”, dice.
Agrega que solicitaron información a Conred para poder iniciar el trámite para tener acceso a otro terreno, pero les informaron que esto podría llevar varios meses.
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Romeo Pú y su esposa, Carmen: dejaron pertenencias y mercadería de su negocio
Con entusiasmo y una sonrisa, Romeo Pú, quien vivió en la colonia La Asunción durante 20 años, desde que se casó con su esposa, Carmen, expresa que “antes de que la vicepresidenta Baldetti viniera a decirnos que teníamos que salir en dos meses... Hay que enfrentar la realidad como viene y después de sentir los temblores y ver las grietas, preferimos irnos”.
Romeo, de 50 años, quien se dedica a vender productos de ferretería de manera ambulante, refiere que después de haber visto crecer a sus tres hijos, todos mayores de edad, se siente tranquilo y piensa que puede seguir adelante.
“Uno no debe apegarse a lo material, hasta la vida se termina, pero por qué la vamos a perder si todavía Dios no nos ha recogido. Nos llevamos nuestros perros, nuestros pollos y las flores de mi esposa a una casa que alquilamos”, dice.
Agrega que su casa estaba valorada en Q150 mil, aunque reconoce que ahora ya ni siquiera podrá venderla, con esfuerzo se ha propuesto reunir Q1,200 para pagar el alquiler de su nueva morada.
“No queremos que nos regalen nada, pero como dueños, pedimos nuevos terrenos, aunque tengamos que empezar a pagar”, añade sonriente, mientras se quita la gorra para rascarse la cabeza.
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