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Cuaderno de escritor

Lucrecia de Palomo

ldepalomo@siglo21.com.gt

General Ríos, mis respetos

Nosotros los chapines seguimos dando tumbos a nuestra soberanía

Pan y circo, decían los romanos. En Guatemala no hay pan, pero si el circo.  Ayer se realizo la primera audiencia donde el General Efraín Ríos Montt se presentó para comparecer ante la acusación del delito de genocidio. Circo, circo, circo fue lo que allí se dio. Desde temprana hora unas jóvenes mujeres de piel blanca y pelo rubio (que definitivamente no eran chapinas) organizaban a los indígenas que se presentaron con traje de Nebaj y en transporte privado. Ellas les indicaban dónde ponerse, qué decir y hasta dirigían las fotos de prensa. Así también, una pantalla gigante en la Plaza de la Corte, para que allí pudiera trasmitirse la audiencia y llamar la atención de quienes pasaban sin voltearlas a ver; eso sin contar a los extranjeros que se hicieron presentes a la sala para “velar” por el debido proceso.

Inició el “evento”  y durante tres horas los fiscales del Ministerio Público se dedicaron a narrar una historia de guerra. Basaron su exposición en indicar que el general Ríos fue el Presidente y Comandante General del Ejército durante el corto período de su gobierno (vaya novedad, todo presidente en nuestro país tiene ese mandato) y por ende él es el responsable de todo lo sucedido en el país en esa época, pues no evitó los sucesos. Los fiscales hacen sus interpretaciones  de la situación utilizando como uno de los medios de prueba el Manual de Guerra en donde se dice que la política era contrainsurgente. Me pregunto: ¿podría ser de otro modo?  Recordemos que en ese momento se vivía una guerra que precisamente no declaró el General Ríos y en la cual el Ejército tenía el mandato Constitucional de defender las fronteras patrias de la intromisión  extranjera.  

Entre todo lo que se dijo para inculparlo de “genocidio”, se hizo mención de que durante su período se contabilizaron 267 muertes comprobadas, pero tan solo 44 documentadas (nunca se presentaron ni actas de nacimiento de esas personas y mucho menos la defunción). Se hizo referencia de la posibilidad de 1,700 muertes; de mujeres violadas por miembros del Ejército, de movilizaciones de los habitantes por las circunstancias de guerra, de cientos de gallinas consumidas, de milpa destruida, de niños muertos de hambre y mil calamidades más. 

Lo que sí quedó bien claro en esta audiencia es que la persecución contra el General y contra los miembros del Ejército de Guatemala se debe a intereses bien complejos y que posiblemente lo que si tienen son intereses económicos que les hacen dar vueltas y bailar al son que les toca. Muchos son los que viven de ese circo. 

Pero lo lastimoso de todo esto es darnos cuenta del poco patriotismo de nuestra gente. Nosotros los chapines, fáciles para dar la bienvenida a aquellos que por ser canches y blancos los creemos superiores y capaces de darnos las directrices del camino que debemos seguir, seguimos dando tumbos a nuestra soberanía, si no solo tenemos que ver cómo en el Congreso de la República, con 90 nuevos diputados, se levantaron las manos, una vez más, para mermar nuestra independencia al volver ley nacional el Estatuto de Roma. Pobres chapines con tan poca capacidad de ser guatemaltecos.

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