Fábrica de sueños
Más importante ser agradable
¿Qué está haciendo hoy por alcanzar sus sueños?
Mi papá siempre me decía que “es agradable ser importante, pero más importante ser agradable”. El día de ayer tuve dos experiencias contrastantes. Fue un regalo de Dios poder vivir ambas y me sentía llamado a compartirlo en este medio. Podemos todos sentirnos identificados en una o en ambas.
Primera experiencia, A.M. Mientras terminaba de desayunar, al despedirme de los amigos con quienes compartía divisé a lo lejos a una colega que tenía algún tiempo de no ver. Sus facciones siempre alegres, optimistas, llenas de vida, eran inconfundibles. Saludaba a los meseros, a todos a quienes encontraban su mirada. Como es natural, las personas sonreían de vuelta y se sentían cómodas en su presencia. Me acerqué a saludar y toda su conversación fue llena de sonrisas, de una visión de futuro y una alegría de que “Dios estaba con ella”.
Al retirarse, las personas que me acompañaban me decían “es increíble cómo está de bien a pesar de lo que le pasó”. Sorprendido, pregunté qué podía haberle pasado malo a esta mujer tan llena de optimismo y de energía positiva. Me contaron que tenía un mes de estar fuera del hospital, luego de pasar un mes en coma diabético. La causa: había sido asaltada y por la impresión tuvo una descompensación tan severa que impactó de esa forma su salud. No estaba resentida por la situación; no estaba deseándole el mal a nadie.
Estaba allí, en ese restaurante, agregando valor a los demás con una sonrisa y haciendo sentir a cada persona que era importante.
Nunca me habló de sus problemas, sólo de cómo la vida era hoy y que estaba decidida a hacer que ese momento contara. Todos quienes la conocemos sabemos lo que ha hecho en otros y sin duda su vida ha tenido frutos abundantes.
Segunda experiencia, P.M. En la mañana había recibido esa dosis de cosas buenas y pensaba en lo agradable que sería por la noche cenar con alguien a quien había admirado por sus escritos, por ser un pensador que ha impactado en el mundo entero. Sabía que estaba en el país, pues se preparaba para recibir un grado honorífico.
Lo saludé afectuosamente, con un profundo respeto y admiración, esperando pasar una velada de mucho aprendizaje. Mi saludo fue apenas recibido; su mirada de desprecio y de altivez. En la cena crucé quizá dos o tres oraciones, pues fui interrumpido para decirme que “era el mejor del mundo en lo que hacía y que nadie más podía hacer lo que él podía hacer”. Todo se tornó en lo que él hacía, por qué era bueno y por qué toda Centroamérica le escucharía y sería impresionada por sus vivencias mundiales.
Resta decir que vi a un hombre distinto al que tenía en mente antes de conocerle y, aunque sus ideas han cambiado el mundo, pensaba en un Clayton Christensen, profesor de Harvard que a pesar de igualmente ser un gurú, decía que: “…Dios evaluará mi vida no por la cantidad de dólares que hice, sino en cuántas vidas he tocado”.
Ayer tocó más mi vida mi amiga, quien quizá no será citada en un libro, pero será recordada por la persona que siempre dio lo mejor de sí en una sonrisa y haciéndote sentir importante, que el académico que cree que su valía yace en la grandeza de su nombre.
Sin duda, es agradable ser importante, pero más importante ser agradable. ¿Qué está haciendo hoy por alcanzar sus sueños?
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