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Paxil Kayala’

Rigoberta Menchú Tum

rigobertamenchutum@gmil.com

Contra el trabajo infantil

En el año 2002 fue declarado el 12 de junio como “El  Día Internacional Contra el Trabajo Infantil” por parte de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), con el propósito de prevenir las peores formas de trabajo que afectan a la niñez, además de llamar la atención a los Estados para identificar y desarrollar medidas que tiendan a la prevención y erradicación del trabajo infantil. Más de la mitad de la población infantil mundial que trabaja lo hace casi en condiciones de esclavitud, situación que a estas alturas es totalmente inaceptable y que cuestiona no solo a los Estados sino a la humanidad misma. La pobreza y la hambruna, causas que inciden de manera directa en el incremento del trabajo infantil, inciden en la existencia de trabajo forzoso para este sector de población, incluso lo llevan a realizar actividades ilícitas como el tráfico de estupefacientes y la prostitución, actividades que ponen en alto riesgo la salud física y mental de quienes generalmente se dice son los depositarios del futuro.

Guatemala no es la excepción y no hay duda de que este problema está asociado a las causas estructurales de la pobreza: desigual distribución de la riqueza, economías satelitales y dependientes de las grandes economías mundiales y de sus cada vez más frecuentes y prolongadas crisis; discriminación social, económica, política y cultural; desempleo, corrupción y violencia, entre otras. La iniquidad del sistema al generar pobreza obliga a los sectores empobrecidos a buscar formas de sobrevivencia en las cuales el trabajo infantil es una de ellas. En nuestro país el trabajo infantil tiene rostro campesino e indígena y esto no es nada raro, en virtud de que es en el campo y sobre todo en pueblos indígenas en los que se observan los mayores índices de pobreza, exclusión, falta de oportunidades y menores indicadores de desarrollo humano. Las condiciones de pobreza en la que viven los niños y niñas determinan el tipo y tiempo de trabajo. Es decir, a más pobreza, mayor trabajo infantil peligroso y prolongada jornada laboral. Los efectos también se dejan sentir en otros ámbitos, los cuales se ilustran, por ejemplo, con  las estadísticas del año 2007 a 2010 en relación con el hecho de que en ese entonces existían 30 mil niños y niñas que abandonaron las escuelas para dedicarse al trabajo y con ello contribuir al sostenimiento económico de su hogar. Asimismo, sobre la existencia de alrededor de 987 mil menores entre 5 y 17 años de edad, laborando en actividades agrícolas. La tercera parte de niños y niñas trabajadores se concentran en Quetzaltenango, Totonicapán y San Marcos, departamentos con población mayoritariamente indígena. 

Es innegable considerar que durante los últimos 15 años la cifra de niñas y niños trabajadores se ha triplicado y cuyas causas, como ya se dijo, están íntimamente relacionadas con la pobreza y extrema pobreza. El tema es, hasta cuándo toleraremos este otro rostro de la injusticia social. Erradicarlo es otro reto que no debe escapar a cualquier agenda de país.

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